Merlau-Ponty, Zubiri y la realidad como proyecto

En su caracterización de la labor filosófica, Merleau-Ponty señala que si bien esta tiene el gusto por la evidencia, también lo tiene por la ambigüedad, por lo que su trabajo siempre será moverse sin cesar entre el saber y la ignorancia. La relación de la filosofía con el “ser” no es la relación frontal del espectador y el espectáculo; sino que hay una complicidad entre ambos, una relación oblicua y clandestina. Si filosofar es descubrir el sentido primero del ser, Merleau-Ponty nos dice que no se filosofa abandonando la situación humana, sino que, por el contrario, debemos sumergirnos en ella a través de la percepción.

Sin embargo, ¿llegamos efectivamente a descubrir este sentido primero del ser? Merleau-Ponty afirma que mientras más nos empecinemos en esta tarea, más veremos multiplicarse entre ellas y nosotros las apariencias por las cuales ellas se expresan y las palabras por las cuales nosotros las expresamos. El espíritu se niega a permanecer inmóvil y concentra toda su atención en esta negativa, no determinando jamás su posición actual más que en relación con la que acaba de dejar, como un viajero que, a la zaga de un tren, nunca vería más que los lugares que ha dejado atrás.

Estamos siempre, según Merleau-Ponty, en la situación de este viajero, pues la filosofía no puede ser un cara a cara con lo verdadero o un juicio llevado en lo alto sobre la vida, el mundo o la historia, como si quien filosofa no estuviera inmerso en todos estos aspectos. Quizás esta constatación ha convertido al filósofo en lo que Merleau-Ponty caracteriza como un mero funcionario, un escritor sin libertad, amarrado al universo académico, donde las oposiciones de la vida son amortiguadas y las ocasiones del pensamiento veladas.

Esto se relaciona con lo que Zubiri ha denominado como el “hundimiento de la verdad”, lo que significaría el hundimiento mismo del ser humano, pues, al buscar la verdad, lo que buscamos es la realidad. Esto es contrario a enfoques como el kantiano, para el que la inteligibilidad reposa en sí misma como un atributo de la inteligencia humana, y no sobre la realidad de las cosas, las cuales tienen que conformarse con mis condiciones de inteligibilidad. Si bien concibe a las cosas como reales y existentes, no sabremos lo que son más que a través de las condiciones de inteligibilidad, que pone el propio entendimiento (realismo trascendental).

Estas concepciones suponen un dualismo entre entendimiento y las cosas. Efectivamente, tiene que haber, afirma Zubiri, dualidad entre la realidad y el entendimiento para que haya verdad, ya que la verdad solo es posible respecto de una inteligencia. De hecho, entiende el pensar como la actividad que traza el método o el camino que ha de llegar a las cosas. Pensar es la actividad intelectual en orden a trazar el esbozo y el encuentro con las cosas, con lo cual lo que se busca es comprenderlas (entendimiento). Para esto, señala Zubiri, hemos trazado diversos esbozos en vista de intentar llegar a las cosas, los cuales, no obstante, poseen siempre el carácter de posibilidad.

Pensar no es, por tanto, solo concebir o razonar, sino que es, principalmente, forjar una posibilidad con respecto a lo real. Y esta posibilidad pasa a ser para Zubiri lo que nos define, pues el futuro del ser humano no consiste en lo que todavía no es, sino en lo que proyecta ser. El futuro no es simplemente lo que todavía no es, sino lo que está en vía de venir, es lo ad-veniente. De allí lo pertinente de la imagen del viajero para quien se embarque en la aventura del pensamiento, en donde no queda más que disfrutar de lo que proyectamos en el trayecto, pues no parecen haber destinos o puertos reales donde desembarcar.

Eduardo Schele Stoller.

Zubiri: devenir y realidad

Zubiri ha entendido el devenir como el llegar a ser algo, pero inexorablemente dejando de ser lo que se era, considerando así no solo el ser, sino que también el no ser. Es decir, las cosas son pero en la medida en que no son. El devenir, tal como consideraba Heráclito, envolvería el paso del no ser al ser o del ser al no ser1 .

Para Aristóteles el cambio supone además un móvil, pues no basta con la dialéctica de unidad del ser y del no ser, teniendo además que tener en cuenta quién o qué se mueve. El movimiento no es un paso del no ser al ser o viceversa, sino que es más bien un pasar de una manera de ser a otra. El no ser es aquello que ya se era, pero que está destinado a dejar de ser. Las cosas tienen así potencia de ser otras. El movimiento es un modo de actuación de esa capacidad.

Ahora bien, la realidad para Zubiri no es un modo de ser, pues, de hecho, es algo previo y fundante del ser. Antes que al ser, el problema del devenir afecta a la realidad. El devenir es anterior a toda articulación de ser y de no ser, porque es algo que incide sobre la realidad en tanto que realidad, y en tanto que ésta es anterior al ser. Si hay sustancias es porque hay sustantividad y toda sustantividad está montada sobre un sistema básico primario. El sistema básico y constitutivo de todas las notas necesarias y suficientes para que una realidad sustantiva sea lo que es denominada por Zubiri como esencia o unidad coherencial primaria.

No hay así esencia tras la realidad, sino que la realidad funda lo que podríamos llegar a denominar como esencia, a través de la configuración misma de un sistema. La realidad es concebida así como una estructura, no como sustancia, razón por la cual para Zubiri el devenir será un problema de esa misma estructura y no del ser o de un sujeto.

En suma, para analizar el cambio no solo hay considerar aquello que cambia, sino que, por sobre todo, aquello sobre lo cual se cambia. Para Zubiri este trasfondo es la realidad. Que el ser sea o no sea dependerá de la estructura de la realidad, de allí que no haya esencia imposible de cambiar.

Eduardo Schele Stoller.

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1Parménides, en cambio, al señalar que el no ser no es, el ser no tendría devenir, siendo así inmóvil.