Baudelaire y Las flores del mal

En Las flores del mal Baudelaire nos muestra que los sentimientos que rodean a la idiotez, el error, la avaricia y el pecado no hacen más que torturar nuestras mentes con remordimientos. Pero el poeta ya no padece estas emociones, pues lo que debería reinar en él es más bien el hastío. Su habilidad le permite burlar tales dificultades, exiliándose a ratos del suelo, del sentido común. No obstante, nos dice Baudelaire, sus alas de gigante le impiden caminar una vez que busca volver a asentarse. Quizás estas sean las consecuencias del intento de superación y purificación de lo mundano. En tal proceder se desnuda la realidad de sentidos y significados, quedando como remanente un horrendo espectáculo. 

La visión del poeta es así necesariamente otoñal, requiriendo constantemente de la pala y el rastrillo para abonar de nuevo el terreno anegado, donde solo parecen caber ahora tumbas y una que otra flor solitaria. Es aquí donde surge el deseo de belleza, una que nos haga trascender a un más allá, una que nos haga menos horrible el mundo y más leves los instantes. Belleza que, a su vez, también dura un instante, pues hasta el ser más sublime acabará por pudrirse bajo tierra, infectado y carcomido por los gusanos ¿Bastará esta escena para ahogar el remordimiento?

Lo que contribuye a lo anterior es lo que Baudelaire denomina como “spleen”, actitud o emoción que anula todas las otras emociones, posándose como una pesada losa sobre el alma, no quedándole más espacio que para generar hastío, cercando el horizonte con un lazo sombrío; acabando con la esperanza, haciéndonos golpear una y otra vez con un techo podrido.  

El “spleen” produce almas sin patria que dialogan errantes, por sobre el lamento y el desconsuelo, aunque manteniendo a la vista la angustia. De ahí que el poeta siempre tenga algo de siniestro, de renegado, siendo mimado desde el infierno. Quizás es por esta razón que Baudelaire eleva plegarias a Satán, aquel ángel caído con el que se representa todos los pesares de la conciencia y el pensamiento. El remedio que nos parece quedar es comportarnos como satíricos burlones, pues la actitud racional solo nos dará, con exceso de fatiga, apenas una efímera flor, la cual no logrará sublimar el pesar y la decadencia que nos rodea. Sería mejor, señala Baudelaire, apagar del todo la luz, en vista de ocultarnos al fin en la oscuridad. 

Puede que el “spleen” no le baste al poeta, pues, producto de cortejar el mal, siempre termina por cubrir de improperios lo que ama y halagar lo que lo rechaza ¿Se puede hablar aquí de una real indiferencia? Para esto, la apatía ante el horror y tedio de la existencia no puede partir desde la maldición o la negación absoluta, sino que también desde la afirmación, esto es, desde el éxtasis dionisiaco, desde la mareante ebriedad, único lugar donde parece darse la nada de la insensibilidad, condición que Baudelaire no dejaba, paradójicamente, de desear.  

Eduardo Schele Stoller. 

Un libro al día: Charles Baudelaire: Las flores del mal

Baudelaire y el dandismo

Baudelaire trata de codificar en sus escritos la moral de un hombre nuevo, a través de rasgos como el ascetismo, la superación de sí mismo, creatividad, imagen original y provocadora. Esta es la imagen del «dandi», quien aspira así a lo sublime.

Como lo hicieran antaño los estoicos, el dandi promulga una frialdad afectiva, ocultando tanto dolores como alegrías y rehuyendo al trato íntimo. El dandi debe mostrar siempre la impasibilidad, la cual identifica con rasgos morales superiores. Pero a diferencia de la escuela estoica, el dandismo posee un rechazo a lo natural. Estéticamente hablando posee una afición por lo artificial, por el adorno. Más interés por la ciudad que por campos y bosques. Para el dandi la espiritualidad está al lado de la cultura ciudadana y de los paraísos artificiales, puesto que el bien es siempre producto de un arte.

El dandi es un ser sin ambiciones, sin propósitos ni fines. Fijo en la quietud de un presente que quiere ser eterno, despilfarra lo que tiene y se desgasta a sí mismo. El spleen, que Baudelaire entiende como la melancolía, constituye su sentimiento más íntimo. Este es a su vez un sentimiento aristocrático, pues surge en el individuo que no se ve distraído por el quehacer cotidiano. Es el spleen la enfermedad característica del ocioso sensible y lúcido. Corresponde al tedio de vivir, al sabor amargo de quien no espera nada y al que nada le interesa. Pero no todo en el spleen es negativo, ya que también le sirve al individuo como una toma de conciencia de la condición humana. El dolor es el aspecto afectivo de la lucidez, concienciación que conduce a experimentar la absoluta contingencia del hombre y la gratuidad de su existencia. El spleen no busca, como fiestas y celebraciones, conmemorar, sino que adormecer los recuerdos. «Hay que estar siempre ebrio para no sentir el horrible peso del tiempo».

¿Por qué surge el dandi? En el siglo XIX se comienza a definir al dandi como un ser vanidoso, lo que se resaltaba aludiendo a su forma elegante de vestir. Pero el dandi es más que esto, ya que representa, como hemos visto, una manera de ser efecto de las sociedades viejas y civilizadas, donde triunfa el hastío y escasea la comedia. Es por esto que el dandi con su actuar excéntrico busca producir lo imprevisto, romper la lógica y el yugo de las reglas. El dandismo es fruto así de una sociedad que se aburre.

El hastío, el aburrimiento, el convencionalismo que reinaba en el siglo XIX se ha transformado en una sociedad del espectáculo, la cual ahora no da espacio para el aburrimiento ni el dolor (spleen). La rutina entrelaza nuestros actos de principio a fin, sin dar tiempo si quiera para pensar en el hastío. Nuestras necesidades parecen ser satisfechas con facilidad. No hay tampoco conciencia de las normas, estas se han hecho invisibles al individuo. El dandismo fue una reacción ante la estructura social de turno. El siglo XXI amenaza, como previera Foucault, con la invisibilidad del poder y el sistema que lo sustenta ¿Cómo reaccionar ahora ante lo que se desconoce?

Eduardo Schele Stoller.

Resultado de imagen para baudelaire edimat