Heidegger y la pregunta por el ser

La pregunta por el sentido del ser, señalaba Heidegger, ha caído en el olvido. Si el preguntar es una búsqueda, todo buscar está guiado previamente por aquello que se busca. Elaborar la pregunta por el ser, por tanto, significará hacer que un ente, el que pregunta (el Dasein), se vuelva transparente. El Dasein (ser humano) tiene una relación privilegiada en la pregunta por el ser. Poseemos una primacía ontológica (ser es siempre el ser de un ente), puesto que la comprensión del ser es ella misma una determinación del ser del Dasein.

Ahora bien, el Dasein se comprende siempre a sí mismo desde su existencia, desde una posibilidad de sí mismo. Estas las ha escogido o ha ido a parar a ellas. La existencia determina al Dasein. La comprensión del ser se hace así accesible dentro del mundo. El sentido del ser del Dasein, sostiene Heidegger, es la temporeidad. Desde donde el ser comprende e interpreta es el tiempo. La historicidad es la constitución del ser del acontecer del Dasein. Pero su historicidad puede quedarle oculta, ya que el Dasein cae en el mundo, quedando así a merced de su propia tradición. El problema es que, como señala Heidegger, la tradición oculta las fuentes de lo transmitido, pretendiendo así que olvidemos su origen. La tradición desarraiga la historicidad del Dasein. Por esto es que se vuelve necesaria una destrucción, esto es, deshacerse de los encubrimientos de la tradición.

La forma de hacer esto es, considera Heidegger, a través de la fenomenología, método que nos permitiría ir a las cosas mismas. El fenómeno es entendido como lo que se muestra, lo patente, visible en sí mismo, como lo aparente. Fenomenología significa entonces hacer ver desde sí mismo aquello que se muestra. Y hacerlo ver tal como se muestra desde sí mismo. Su objetivo es poder llegar a las cosas mismas. La ontología es así solo posible como fenomenología. La fenomenología es la ciencia del ser. La esencia del Dasein, afirma Heidegger, consiste en su existencia. El Dasein es cada vez esencialmente su posibilidad, la cual se da en su existencia. Descartes, por ejemplo, solo se preocupó del cogito, pero descuidó lo más importante, el sum. Heidegger se plantea en cambio la pregunta ontológica por el ser del sum. Solo cuando este haya sido determinado podrá comprenderse el modo de ser de las cogitationes.

El conocimiento es, por tanto, una modalidad del ser del Dasein en cuanto estar en el mundo. El Dasein solo puede descubrir al ente como naturaleza en un modo determinado de su estar en el mundo. Si el Dasein está absorbido por su mundo, la sustancia del hombre no es el espíritu, sino la existencia. El Dasein, afirma Heidegger, no logra liberarse jamás de este estado interpretativo cotidiano en el que primeramente ha crecido. En él, desde él, contra él se lleva a cabo toda genuina comprensión, interpretación, y comunicación. El Dasein no llega a un mundo en sí. Predomina así el estado interpretativo público. Este determina lo que se ve y cómo se le ve. El Dasein se absorbe en lo público, en la convivencia. De allí que Heidegger afirme que el hombre ha caído en el mundo.

Podemos considerar el enfoque de Heidegger pues en radical oposición al de Descartes, ya que no pensamos y luego existimos, sino que primero existimos, y dependiendo de cómo sea esta existencia es como pensaremos. En este marco, nuestra historicidad toma una radical importancia, pues un análisis de ésta será una precondición para analizarnos a nosotros mismos y, después de logrado esto, volver a la pregunta por el ser, cuya respuesta siempre estará mediada por el entorno en donde el hombre ha caído. La respuesta por el ser, en consecuencia, podrá tener respuesta, sin embargo, ésta no será unívoca.

Eduardo Schele Stoller.

Resultado de imagen para heidegger ser y tiempo

Heidegger y la angustia

Según Heidegger, el ante qué de la angustia es el estar en el mundo en cuanto tal, pero careciendo de significatividad propia. Sin embargo, es la angustia la que abre al Dasein como ser posible, esto es, como aquello que puede ser desde sí mismo. Se le revela así su ser libre de escogerse y tomarse a sí mismo.

Con la angustia la familiaridad cotidiana se derrumba y nos entregamos a nosotros mismos. Pero de esta forma se nos revela además que el fin del estar en el mundo es la muerte o el estar vuelto hacia ella. La angustia se concreta así como el estar arrojado a la muerte. Esto es algo que a toda costa tratamos de encubrir, ya que, a juicio de Heidegger, el cotidiano estar vuelto hacia la muerte es un constante huir ante la misma.

Este es un modo de abrir la conciencia. Es una llamada hacia sí mismo, hacia nuestro propio ser, la cual nos interpela hacia nuestras posibilidades, a salir de nuestra perdida en el uno. Pero también es una llamada al callar y a la conciencia, quedando así disponibles para la angustia, dejando atrás la habladuría del uno.

La insignificancia del mundo abierta en la angustia, afirma Heidegger, desvela la nihilidad de todo lo que puede ser objeto de ocupación, es decir, la imposibilidad de proyectarse en un poder ser objeto de ocupación, de proyectarse en un poder ser de la existencia primariamente fundado en las cosas que nos ocupan. Y esto, porque el vivir al día, que deja que todo sea como es, se funda en un olvidado abandonarse a la condición de arrojado.

La mirada puramente contemplativa hacia el ente surge porque el ocuparse se abstiene de toda manipulación. Lo decisivo en la génesis del comportamiento teorético radicaría en la desaparición de la praxis.

Cuanta falta nos hace en la actualidad evidenciar esta angustia. Vivimos en una sociedad enferma, que huye de la enfermedad y con esto, como señaló Heidegger, de la apertura de la conciencia. No toleramos la frustración. Queremos divertirnos y satisfacer nuestros deseos a toda costa. Nos quejamos de lo que nos aburre. ¿Por qué? ¿Qué tan terrible hay en el tedio? Nada más ni nada menos que nosotros mismos. No queremos hacernos responsables de nuestra existencia. Preferimos el hedonismo momentáneo antes que la incómoda y tediosa duda reflexiva. Manipulados tendremos quizás un mejor pasar, pero nos alejaremos así de aquello que nos hace humanos.

Eduardo Schele Stoller.

Resultado de imagen para heidegger ser y tiempo