Cordua y las inseguridades con respecto al futuro

Según la filósofa chilena Carla Cordua, ya no disponemos de una representación de la historia universal, pues se ha difuminado la impresión de que el transcurso del tiempo humano es un curso continuo ajustado a cierto itinerario deseable. En la actualidad andamos tanteando los caminos y los obstáculos de un paisaje desconocido, sin lograr ver con antelación lo que nos espera adelante. De ser esto así ¿Cómo afrontar ahora el paso del tiempo? Una forma, quizás, es a través de la gran cantidad de información que nos rodea. Sin embargo, Cordua señala que esta nos atora en vez de instruirnos. Tal información busca abarcar un inmenso número de asuntos, presentados para su consumo inmediato y pronto olvido. Difícil así generar sabiduría, ya que esta requiere de una experiencia constante, explorada y repetida.

Presos de un presente mudo, Cordua afirma que toda pasión termina por ahogarse en el vacío. Las lecturas periodísticas y medios visuales para el consumo masivo, secan la imaginación y el hambre literaria, cumpliéndose así el diagnóstico de Rodin: “donde todos piensan lo mismo, ninguno piensa mucho”. Si bien pensar implica un acto lingüístico, Cordua destaca que solo a veces se dice, pues de la comunicación casi nunca se recibe un incremento o mejoría. Es decir, al comunicarse un pensamiento, este tiende a degradarse, aún más cuando las herramientas lingüísticas escasean. Todo esto hace que la racionalidad se vea mermada.

Si no es en el conocimiento ¿dónde encuentra seguridad el individuo? Es en el sistema, nos dice Cordua, donde se ofrece consuelo ahora al angustiado, pues, a través de él se nos asignan razones como hechos, esto es, pensamientos invulnerables para hacer frente al vacío de la existencia. Al perder el futuro su condición promisoria, pierde con ello su deseabilidad, contrario a la modernidad, donde bajo sus promesas se buscaba que alguien se hiciera cargo de nuestra libertad.

Hoy, sin embargo, ocurre lo mismo, ya que tendemos a adoptar, sostiene Cordua, rígidas costumbres, a través de las más variadas ideologías e instituciones. Entregamos así nuestra libertad personal, cometiendo una disimulada forma de suicidio. Si la modernidad significa dar por terminado el apego al pasado y su sustitución por un deseo o apetito de futuro, ahora, al asomarnos al vacío del pensamiento y el vértigo de la existencia, nos sometemos a proyectos ajenos para evadir la angustia de un mañana incierto, no quedando más que el querer y el placer dados en el presente.

Eduardo Schele Stoller.

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Bauman: modernidad líquida, inseguridad y consumo

Zygmunt Bauman nos dejó una idea que nos permite dar cuenta un problema creciente en nuestra sociedad: el análisis de la inseguridad mediante el concepto de “modernidad líquida”.

Según Bauman, estamos en la presencia del paso de la fase sólida de la modernidad a la líquida contemporánea, esto es, a una condición donde las formas sociales ya no pueden mantener su forma por más tiempo, donde ahora lo único que permanece es la transitoriedad.

Si lo que prima es lo efímero, las sociedades abiertas contemporáneas estarán asediadas por el miedo, la inseguridad y la incertidumbre, debido a que hemos dejado de tener el control como individuos, como grupos y colectivo. Todo esto como efecto de haber profanado lo sagrado, desautorizando el pasado y negando a la tradición. Destruimos así, señala Bauman, la armadura protectora de las convicciones, disolviendo, en consecuencia, las fuerzas que podrían mantener el orden.

Esto no era un problema para la modernidad sólida (sistémica), la cual tendía a un  totalitarismo claro. En cambio, el capitalismo permitió que coexistieran una cantidad tan numerosa de autoridades que ninguna de ellas puede ser considerada como exclusiva ni muy duradera. Cuando las autoridades son muchas, afirma Bauman, tienden a cancelarse entre sí.

Una manera que los individuos han encontrado para intentar eludir la inseguridad crónica es consumiendo. Tratan de comprar, sostiene Bauman, una promesa de certeza, de identidad, de armonía, de coherencia. La búsqueda de identidad es la lucha constante por detener el flujo, por solidificar lo fluido, por dar forma a lo informe. Esta compulsión puede evidenciarse en los espacios de consumo, en los cuales los individuos comparten pero no interactuando entre ellos. El llamado al consumo, como ha señalado Bauman, es individual, intentando despertar una cadena de sensaciones experimentable solo subjetivamente.

Eduardo Schele Stoller.

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