Kuhn y los paradigmas científicos

Según Thomas Kuhn, un periodo de «ciencia normal» se asienta en el supuesto de que la comunidad científica sabe cómo es el mundo, derivando el éxito de su empresa de la defensa que se haga de dicha suposición. Hechos y teorías científicas no son categorías separables, y esto porque «ciencia normal» significa la investigación basada firmemente en uno o más logros científicos pasados, los que una comunidad científica particular reconoce durante algún tiempo como el fundamento de su práctica ulterior.

Estos sucesos llegan a conformar lo que Kuhn denomina como «paradigma”, esto es, ejemplos aceptados de prácticas científicas (leyes, teorías, aplicación, instrumentos), modelos de los que surgen tradiciones particulares y coherentes de investigación científica (rúbricas) y cuyo estudio prepara al estudiante para ser parte de la comunidad científica. Al compartirse reglas y normas de práctica científica, bajo un paradigma se vuelve raro el desacuerdo, puesto que son requisitos para un periodo de ciencia normal tanto el compromiso como el consenso.

Las «revoluciones científicas» son episodios extraordinarios en los cuales se produce un cambio en estos compromisos profesionales, pues destruyen la tradición, transformando el mundo y las entidades que lo habitan.  Sin embargo, cuando una ciencia está en desarrollo, antes de adquirir un paradigma universalmente aceptado, hay una variedad de puntos de vista, pudiendo haber descripciones e interpretaciones diferentes de un mismo rango de fenómenos. Durante las crisis, además, los científicos suelen entregarse al análisis filosófico como instrumento para desbloquear los enigmas de su campo. Pero tal grado de divergencia acaba desapareciendo cuando termina por triunfar una de las escuelas en disputa, la que, debido a sus propias creencias y preconcepciones, presta atención tan solo a una parte restringida de la información[1].

Un paradigma se impone porque tienen más éxito que sus competidores a la hora de resolver unos cuantos problemas que un grupo de científicos consideran como urgentes. La ciencia normal, afirma Kuhn, consiste en la actualización de dicha promesa, lo que consiste en un intento de meter a la fuerza a la naturaleza en los compartimentos prefabricados y relativamente inflexibles del paradigma. Los fenómenos que no encajan ni siquiera se ven. La investigación en la ciencia normal se orienta así a la articulación de los fenómenos y teorías ya suministrados por el paradigma, es decir, el paradigma suministra herramientas para resolver problemas que el mismo paradigma define.

Sin embargo, estas restricciones de la investigación resultan esenciales para que haya progreso en la ciencia, al menos en lo que respecta al detalle y la profundidad. La existencia del paradigma plantea el problema a resolver y a menudo la teoría del paradigma está directamente implicada en el diseño del aparato capaz de resolver el problema. En este sentido, Kuhn sostiene que la ciencia normal soluciona problemas como quien soluciona rompecabezas, ya que se acoge siempre a un paradigma, razón por la cual no busca novedades inesperadas. Su éxito solo se demuestra en resolver rompecabezas, en donde el científico lo que demuestra es solo su habilidad en resolverlos. Tales soluciones están gobernadas por reglas y los resultados admisibles se ven limitadas por tales restricciones. Solo un cambio en las reglas del juego ofrece alternativas, lo que implica pues un cambio de paradigma.

La ciencia normal, concebida como la actividad de resolver rompecabezas, es una empresa acumulativa y eficaz en su finalidad de ampliar el alcance y precisión del conocimiento científico. La ciencia normal no pretende encontrar novedades de hechos o teorías. Cuando hay un descubrimiento es cuando se toma conciencia de una anomalía, es decir, reconociendo que la naturaleza ha violado de algún modo las expectativas inducidas por el paradigma que gobierna la ciencia normal. La anomalía se cierra, afirma Kuhn, cuando la teoría paradigmática se ha ajustado para que lo anómalo se vuelva algo esperado. La profesionalización conduce a una inmensa restricción de la visión del científico y a una considerable oposición del cambio de paradigma, pues se cree en una cade vez mayor correspondencia entre observación y teoría.

La proliferación de diversas versiones de una teoría es un síntoma muy corriente de crisis, pero una teoría científica solo se considerará inválida si es que hay alguna alternativa. En este sentido, la falsabilidad por contrastación directa de la naturaleza (Popper) no es algo que se muestre en el desarrollo histórico de la ciencia, ya que la decisión de rechazar un paradigma conlleva siempre simultáneamente la decisión de aceptar otro.

En suma, el objetivo de la ciencia es resolver un rompecabezas para cuya mera existencia ha de suponerse la validez del paradigma. Es recién bajo un periodo de crisis que comienzan el desdibujamiento de un paradigma y la consiguiente relajación de las normas de la investigación normal. La transición puede llegar a traducirse de un paradigma en crisis a uno nuevo dista de ser un proceso acumulativo, ya que el paradigma viejo no se extiende al nuevo. Hay un proceso de reconstrucción, pero a partir de nuevos fundamentos, métodos y objetivos, rompiéndose la tradición a partir de nuevas reglas.

Eduardo Schele Stoller.

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[1] Quien no se convierte al nuevo paradigma, pasa a ser ignorado.

El mito del marco según Popper

Karl Popper replantea la terminología kantiana, entendiendo por a priori el tipo de conocimiento conjetural que un organismo posee previo a toda experiencia sensorial (conocimiento innato) y por a posteriori el conocimiento obtenido a través de la sensibilidad del organismo en relación a su entorno. En base a esto, Popper señala que el conocimiento a posteriori es imposible sin cierto conocimiento a priori, el cual necesitamos poseer previamente de que podamos adquirir conocimiento observacional, el que, por lo demás, será interpretado a través de nuestras ideas preconcebidas a priori.

Popper asume así que no existe la observación pura, puesto que toda observación es una interpretación de hechos a la luz de una teoría. De la alusión a lo a priori se derivará que toda observación esté cargada de teoría. Popper era muy consciente que con esto último se pueden fundamentar posturas irracionalistas, a través de lo que él denominó como “mito del marco”, del que se deriva que la verdad puede variar de un marco intelectual a otro. Esto traería como consecuencia la imposibilidad de la comprensión mutua entre diferentes culturas, generaciones o periodos históricos.

Para lograr una comprensión intercultural los participantes deben compartir un marco común de supuestos básicos. “Marco” se entiende así como un conjunto de principios fundamentales, sin el cual no hay posibilidad de una discusión fructífera. Ante esto, Popper señala lo productivo de la confrontación de marcos, advirtiendo, por ejemplo, que nuestra actual civilización occidental es el resultado del choque entre marcos, al igual que el milagro griego, producido también gracias al choque de culturas.

En este sentido, Popper también niega la dificultad de la traducción que sostienen los adherentes al mito del marco, el cual señala que un estado de cosas que se puede describir en una lengua, no se puede describir en otra. A pesar de que no existe observación que no sea interpretada, Popper señala que de esto no se deriva la inconmensurabilidad, puesto que de igual forma podemos comprender conscientemente otros marcos. Si bien los marcos son considerados como prisiones (hay personas que viven encerradas en un marco en particular), estos se pueden trascender a través de un esfuerzo crítico y creador. No debemos dejarnos atrapar en una prisión mental. Ahora bien, Popper se da cuenta que su postura crítica se puede considerar como un nuevo marco. En este sentido, señala que nunca seremos absolutamente libres, pero al menos podemos ampliar nuestra prisión, no solo en relación al ámbito culturalmente adquirido, sino también en relación a nuestro marco innato.

Aquí defiende una visión optimista con respecto al conocimiento humano, siempre que este conocimiento sea activo, basándose en una búsqueda y planteamiento de problemas constantes. Cada ser vivo, señala Popper, intenta encontrar un mundo mejor. En este sentido, es falso que hayamos sido moldeados por nuestro entorno, ya que somos nosotros quienes buscamos nuestro medio ambiente y quienes lo moldeamos de una manera activa (La vida es por principio escéptica). Es mediante esta búsqueda y disconformidad constante que se potencia la evolución.

Según Konrad Lorenz, la falta de problemas, esto es, la conformidad ante las condiciones ambientales, puede provocar un estancamiento en las especies. Esta noción activa del conocimiento critica de paso al fundamento de la teoría de la inducción, ya que supone que aprendemos las cosas gracias a la mediación de nuestra propia actividad cognitiva (estructuras innatas). Por el contrario, al defender una mayor determinación del mundo externo, la inducción nos volvería en meros receptáculos de información, esto es, en seres pasivos, abandonando nuestro espíritu consciente y reflexivo.

Eduardo Schele Stoller.

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