Nostalgia y olvido en la poesía de Teillier 

No hay mejor despertar que el sueño 

Hay cierta desazón en la obra poética de Jorge Teillier, por ejemplo, cuando sugiere que nuestros días estarían orientados por palabras pronunciadas por otros, las que, además, esconden a su base palabras más grandes, quizás refiriéndose a las ideologías en un mundo que se jacta de ya no regirse por ellas (1).  

Por esto es que declara ya no querer ser más un vendedor de palabras, cuyo origen no son más que hojas muertas, pretendiendo renunciar, por esto, a la misma poesía, todo a cambio de un mal vino y la suciedad, medios que sirven para encaminarnos a la tontera artificial, la que, a su vez, permite despreocuparnos del fracaso y entregarnos a la estupidez (2). 

A lo que se nos invita aquí es al olvido, pues ya nadie puede pretender oír y entender claramente. Atrás quedaron los iniciados. Preocupémonos ahora de la niña a la que nadie saca a bailar, de los borrachos y de quienes develan a los falsos profetas (3).  

¡Tratemos de despertar! El sol se ha transformado en un girasol negro. Las lámparas ya no iluminan, solo congregan sombras, pues hemos sido desterrados del lenguaje. Aceptemos la derrota y mirémonos sin temor en los espejos que reflejan nuestros rostros destruidos (4). 

Si nos despedimos de la memoria, nos despedimos de la nostalgia de los días sin objeto y de la misma poesía, la que perdería su razón de ser, convirtiéndose en meras palabras, esto es, nada más que un poco de aire movido por los labios. Palabras que ocultan lo único verdadero: que respiramos y dejamos de respirar (5). 

Eduardo Schele Stoller. 

  1. La portadora.
  2. ¿Qué historia es esta y cuál es su final?
  3. Botellas al mar.
  4. Traten de despertar.
  5. Despedida.