Horizonte cuadrado: el creacionismo según Huidobro

Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol 

En términos de Vicente Huidobro, el creacionismo cuenta como una teoría estética que pone énfasis en una poesía centrada en el acto mismo de creación. Un poema creado es un poema que en el que cada parte constitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquier otra realidad que no sea la propia, distinguiéndose del resto de fenómenos. Esto es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta.  

La belleza de un poema, por tanto, no radica en lo que nos evoca, sino que el poema es hermoso en sí, no teniendo punto de comparación, ya que se hace realidad a sí mismo. Un poeta debe decir aquellas cosas que nunca se dirían sin él, de allí que nos acerque, cuando se logra esto, a lo sublime, despreocupándonos de la realidad y la pretensión de veracidad. 

Al crear hechos nuevos, la poesía creacionista se hace traducible y universal, pues estos pueden ser contrastables en todas las lenguas, más allá de los arraigos culturales e identitarios. Esto no quiere decir que el poema deba ser objetivo, todo lo contrario, Huidobro señala que todo debe ser humanizado por medio del poeta, precisando lo vago, concretizando lo abstracto y abstrayendo lo concreto, siempre en equilibrio, en vista de que no se aleje lo escrito de quien escribe, perdiéndose así de sus intereses personales.  

De lo que se trata es de crear un poema sacando de la vida sus motivos transformándolos para darles una vida nueva e independiente, evitando tanto la anécdota como la descripción. Y es que, para Huidobro, el arte es una cosa y la naturaleza otra, por lo que, al mezclarlas, no se está amando ni a la una ni a la otra. Es por esto que la poesía no debe imitar los aspectos de las cosas sino seguir las leyes constructivas que forman su esencia y que le dan independencia propia.  

Habrá que luchar entonces contra la fragmentación de la totalidad, la pérdida del sentido de la unidad y el olvido del verbo creador, pero para esto, tenemos que mirar más hacia el porvenir que el pasado, pues en este último ya está todo hecho. 

Eduardo Schele Stoller. 

Huidobro: «Altazor» y el descenso a la muerte

En Altazor, el poeta chileno Vicente Huidobro nos dice que la vida es un viaje en paracaídas; vamos cayendo de nuestro zenit a nuestro nadir, dejando el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan a caer después. Pues caeremos todos, ya que ese es nuestro miserable destino. Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella, donde nuestro paracaídas contará como la única rosa perfumada de la atmósfera.

¿Por qué hemos perdido nuestra primera serenidad? ¿Quién sembró la angustia ¿Por qué un día de repente sentimos el terror de ser? La nebulosa de la angustia señala Huidobro, pasa como un río y nos arrastra. Pero mientras pensamos todo esto ya vamos cayendo, de allí que no tenga mucho sentido ni los prejuicios ni la moral alojada en nuestras cabezas, pues estas no pueden frenar la caída. Debemos, afirma Huidobro, dejarnos caer, sin miedo al enigma que somos. En vano nos aferramos a los barrotes de la evasión, pues la evasión misma ya no evade, pensemos, por ejemplo, en la agonía del cristianismo ¿Habrá algo para poner en su lugar?

La caída es efecto de la decepción y amargura de la conciencia. De ahí el peso de nuestras alas, las que nos hace revolotear entorno a los por qué y los para qué. Nos volvemos en animales metafísicos cargados de congojas. Una posible solución pasa, según Huidobro, por volver a la indiferencia, matando la horrible duda y la espantosa lucidez, por ser un ángel expatriado de la cordura, por sucumbirse en la inutilidad del sueño, desprendiéndose de todas las mentiras edificadas por los hombres, de sus leyes e ideales.

Quizás aquí a lo que se nos llama es a aligerar el vuelo, no cargando con las pesadas ideas filosóficas ¿Por qué queremos escapar del destino de nuestra caída? Sería mejor cortar tales amarras. Puesto que debemos vivir y no nos suicidarnos, mientras vivamos, Huidobro nos recomienda jugar sin pretensión, para que nuestro descenso sea amenizado, tal como un salto en paracaídas.

Eduardo Schele Stoller.