Horkheimer y la teoría crítica

La teoría científica actual, señala Horkheimer, se corresponde con una noción de teoría equivalente a un conjunto de relaciones e inferencias de proposiciones acerca de un campo determinado de objetos. La validez de estas consiste en que las proposiciones deducidas concuerden con eventos concretos. En relación con los hechos, la teoría será siempre una hipótesis, pues habrá que estar dispuesto a modificarla si surgen problemas en su verificación. La meta final de este tipo de teoría es generar un sistema universal de la ciencia, ya no limitado a un campo particular, sino que abarcando todos los objetos posibles.

Hay así un interés por extender el trabajo teórico de la ciencia a dominios sociales prácticos, en vista de poder predecir hechos y obtener resultados útiles. No obstante, advierte Horkheimer, suele omitirse que el científico y su ciencia están sujetos a un aparto social determinado. Sus logros son parte de la autoconservación de algo ya establecido. El pensamiento ordenador de cada individuo, a su juicio, pertenece al conjunto de relaciones sociales, que tienden a adaptarse de una manera que responda lo mejor posible a las necesidades.

En su configuración y en su modo de sentir los hombres son un resultado de la historia. Los hechos que nos entregan nuestros sentidos, sostiene Horkheimer, están preformados socialmente de dos modos: por el carácter histórico del objeto percibido y por el carácter histórico del órgano que percibe. El hecho percibido está así, ya antes de su elaboración teórica consciente, condicionado por ideas y conceptos humanos.

La existencia de la sociedad ha reposado, según Horkheimer, en una represión directa o, al menos, mediada, por la contradicción de fuerzas antagónicas, pero no ha sido el fruto de la espontaneidad consciente de los individuos libres. De hecho, bajo la economía burguesa, la actividad de la sociedad es ciega y concreta, mientras que la del individuo aparenta ser abstracta y consciente. Esta ilusión de independencia tiene su raíz en la supuesta libertad que tienen los sujetos económicos dentro de la sociedad burguesa. Estos creen actuar de acuerdo con decisiones individuales, cuando en realidad, señala Horkheimer, hasta en sus más complicadas especulaciones son exponentes del inaprehensible mecanismo social.

La teoría crítica de Horkheimer ataca esta separación arbitraria entre individuo y sociedad, en virtud de la cual el individuo acepta como naturales los límites prefijados a su actividad, enmarcándola ahora en el contexto de la división del trabajo, las diferencias de clase y la búsqueda de ciertos fines, reconociendo así que ellos mismos forman parte de la economía y de la cultura fundada sobre ella. El pensamiento burgués, en cambio, estaría constituido de tal manera que se cree a sí mismo como autónomo, dándole prioridad absoluta a su individualidad, como esencia, como causa última.

Bajo la noción burguesa, Horkheimer señala que la autodeterminación de la ciencia se vuelve cada vez más abstracta, conformándose el pensamiento, aferrándose al principio de que este es una actividad fija, un reino cerrado en sí mismo, renunciando así a la esencia misma del pensar ¿Se puede escapar de esta condición? ¿Cómo hemos caído en ella? Según Horkheimer, son los mismos hombres que, con su trabajo, renuevan una realidad que, de un modo creciente, los esclaviza.

Eduardo Schele Stoller.

Teoría Crítica | Aprende y Comunica

Zizek y la máscara ideológica

Al hablar de ideología, Marx la caracterizaba como aquello que «ellos no lo saben, pero lo hacen». Esta idea está usualmente presente en las diversas concepciones de ideología, las cuales suelen implicar para las personas un falso reconocimiento de sus propios presupuestos y condiciones efectivas. Se supone así una distancia, una divergencia entre la realidad social y nuestra representación distorsionada de la misma.

Según la Escuela de Frankfurt, no se puede lograr ver las cosas como son en realidad, pues la realidad no puede reproducirse libre de mistificación ideológica. La ideología no es solo una máscara que encubre el estado real de las cosas, sino que llega a ser una distorsión esencial de las mismas. Esto, señala Zizek, nos deja en la paradoja de poder reconocernos solo en la medida que somos pseudo reconocidos. La realidad en nosotros sería una nada incognoscible.

Deberíamos eludir, en consecuencia, las metáforas de desenmascaramiento, de correr los velos, que se supone que ocultan la desnuda realidad. Peter Sloterdijk, nos dice Zizek, expone la tesis de que el modo de funcionamiento dominante de la ideología es cínica, lo cual supone ahora que a pesar de que el sujeto está al tanto de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social, insiste en sostener la máscara del ocultamiento. La fórmula por tanto ahora sería distinta; «ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así, lo hacen». Esto quiere decir, afirma Zizek, que la razón cínica ya no es ingenua, sino que se está muy al tanto del interés particular oculto tras una universalidad ideológica, pero aun así, no se renuncia a ella.

Bajo el reino de la razón cínica, Zizek considera que nos encontramos en el mundo posideológico, en donde el ideal ya no es el de una verdad totalitaria, sino que solo pasa a ser considerada ahora como un medio de manipulación, instrumental, manteniéndose ya no por su valor de verdad, sino por su promesa de ganancia. La gente ya no cree en la verdad ideológica; no toma las proposiciones ideológicas en serio. Pero la actitud cínica sigue siendo una que implica distancia, la cual en el fondo sigue cegándonos con respecto al poder estructurante de la fantasía ideológica, aun cuando, señala Zizek, no tomemos las cosas en serio y mantengamos una distancia irónica.

Eduardo Schele Stoller.

Resultado de imagen para zizek ideologia