Russell y la crítica a las religiones

En una conferencia dada en 1927 en Londres, Bertrand Russell realiza una dura crítica a las grandes religiones del mundo, colocando dentro de tal categoría al budismo, el hinduismo, el cristianismo, el islam y hasta el comunismo, todas tildadas de falsas y dañinas, al atrofiar y cerrar las mentes de los individuo por medio de rígidos sistemas.  

Russell destaca que la gente no adhiere a estos sistemas religiosos por criterios racionales, sino que esto responde casi exclusivamente a aspectos emocionales, de allí que no tenga mucho sentido refutar los supuestos argumentos para la existencia de Dios. Pero esto hace que aparezca más fácil el dogmatismo y, con él, las más diversas formas de fanatismo y violencia. Pensando en la inquisición, Russell afirma que el cristianismo ha sido en este sentido el principal enemigo del progreso del mundo, a través de los flagelos o sufrimientos derivados de la moral, la cual, por lo demás, nunca ha tenido como objetivo la felicidad de la gente.

A juicio de Russell, la religión es una enfermedad que se basa en el miedo a lo desconocido, en el deseo de sentir que se tiene un hermano mayor que nos va a defender ante las miserias de la vida y ante la incertidumbre de la muerte. En este marco, es la ciencia la que puede ayudar a librarnos de ese miedo cobarde con el que la humanidad ha vivido a lo largo de tantas generaciones.

En un debate radiado en el año 1948 por la BBC entre Russell y un sacerdote, el padre Copleston, se añaden otras interesantes críticas a la creencia religiosa. Al afirmar Copleston que no puede ser explicada la existencia de ninguno de nosotros sin referencia a algo o alguien fuera de nosotros, Russell, quizás basándose en Hume, replica señalando que todo concepto de causa está derivado de nuestra observación de cosas particulares, por lo que no encuentra razón alguna para suponer que el todo tenga una causa. A pesar de que un físico busque causas, eso no significa necesariamente que haya causas por todas partes. Russell llega a sostener que la noción de que el mundo tiene una explicación es en realidad un error.

Ante estos cuestionamientos de la divinidad, Copleston se pregunta como distinguir entonces entre lo bueno y lo malo, a lo que Russell responde que esto también suele hacerse a través de los sentimientos. La noción de deber, por ejemplo, la atribuye a una serie de reflejos condicionados, ya que si obtenemos siempre un castigo para un determinado acto, al cabo de un tiempo dejaremos de ejecutarlo, pudiendo llegar a considerarlo incluso como malo. No obstante, Russell advierte que del hecho que una creencia tenga un efecto moral sobre alguien, no constituye ninguna evidencia en favor de su verdad, como suelen pretender todas las grandes religiones.

Eduardo Schele Stoller.

Russell, B. - Porqué no soy cristiano

La conquista de América según Todorov

El encuentro más asombroso de nuestra historia, señalaba Tzvetan Todorov, fue el dado en el contexto de la conquista de América. ¿Cómo vieron los españoles a los americanos?

Colón practicó, sostiene Todorov, una estrategia «finalista» en su interpretación, descansando en sus creencias previas más que en la experiencia de este nuevo otro, pues Colón sabía de antemano lo que podía encontrar y como lo iba a interpretar.

Según Todorov, la experiencia concreta está ahí para ilustrar una verdad que ya se posee y que no está allí para ser interrogada. Los “otros” para Colón forman parte del paisaje, una parte molesta, pues más valioso para él eran las riquezas que allí podía encontrar. Los indios a los ojos del conquistador carecían de cultura, de costumbres, ritos y religión. No estaban así solo desnudos físicamente, sino que también espiritualmente. Si bien Colón descubrió América, no descubrió a los americanos.

¿Cómo explicar el rápido sometimiento de los indígenas ante los españoles? Una respuesta tiene que ver con la cosmovisión azteca. Al creer en agüeros, señales y en un mundo determinado, habrían estado convencidos de que las previsiones del porvenir se cumplen. Para los mayas, por ejemplo, la misma palabra significa «profecía» y «ley». Llegaron así, según ciertas fuentes, a interpretar la venida de Cortés como el regreso de Quetzalcóatl, que ha vuelto a recobrar su reino. Este hecho no lo deja pasar Cortés, sacando provecho del dominio de todos los signos importantes para los indígenas.

A diferencia de Colon, para quien los indios eran meros objetos de colección, para Cortés estos ocupan una posición intermedia. Todorov afirma que en su caso eran vistos efectivamente como sujetos, pero reducidos al papel de productores de objetos. Estarían así a medio camino entre el animal y el hombre, de allí que haya estado aun justificada su destrucción. Esta es la violencia, señala Todorov, basada en la convicción de la religión “verdadera”. Es la creencia dogmática en esta verdad la que nos impide descubrir al otro.

Eduardo Schele Stoller.

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