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La caída de Ícaro. Sobre el suicidio y los desencantos de la conciencia.

En este ensayo, el filósofo chileno Eduardo Schele realiza una profunda reflexión sobre el suicidio a través de diversos prismas filosóficos. Valiéndose de la figura del inmortal mito griego, Schele nos advierte de los peligros que acechan una vez que hemos iniciado el vuelo de la razón dejando atrás nuestra inocencia. «Si Ícaro pudiese volver atrás probablemente se arrepentiría de intentar volar por sí mismo, esto es, de abandonar su inocencia. Renunciaría a su libertad a cambio de seguir siendo guiado por otros. Renunciaría a su conciencia a cambio de la bendición de la ignorancia, condición que parece más cercana a la felicidad». ¿Sería entonces más fácil reprimir el pensamiento? Aferrarse a las leyes, la religión o la moral, a nuestras creencias compartidas sobre la rutina y la tradición para evitar el caos. Dejarse llevar por la arbitrariedad, ser un mero peón resignado a cumplir las funciones que nos asigna la sociedad. Volver a la infancia y así ignorar las interrogantes que nos agobian. Pero una vez que hemos probado el fruto del Árbol del Conocimiento, resulta imposible: ya no hay vuelta atrás. ¿Existirá forma de aminorar el golpe de la caída? Sobre esta cuestión Schele nos entregará valiosas pistas. 

Estética de lo siniestro. Aproximaciones desde el arte la literatura y la filosofía.

Nietzsche señalaba que quienes luchan contra monstruos deben cuidar de no convertirse en aquello contra lo que luchan. La línea divisoria es tenue, pues, contrario a lo que muchas veces nos relata la ficción, el horror está a la vuelta de la esquina, escondido en lo cotidiano, y puede incluso reflejarse en ciertas imágenes que nos devuelve el espejo de nuestras acciones o pensamientos. Es el fenómeno de lo siniestro lo que nos deja al filo del abismo de la existencia, experiencia que no solo nos repele, sino que, paradójicamente, también nos atrae. ¿Por qué? Para responder a esta pregunta, los dos ensayos reunidos en este libro («Rastros de lo siniestro en la literatura» de Andrea Hidalgo y «La incansable búsqueda por la trascendencia» de Eduardo Schele) darán luces sobre la naturaleza de lo siniestro, siempre en sintonía con la experiencia estética de lo sublime, haciendo referencia a un sinnúmero de autores que, desde el arte, la literatura y la filosofía, corroboran las hipótesis de que el horror esencialmente busca propiciar el extrañamiento de lo que usualmente nos es familiar y satisfacer el afán de trascendencia al tedio del vivir. Es cuando fijamos la mirada en el abismo que este también logra mirar dentro de nosotros, exponiendo nuestros temores, debilidades y amenazando con ello nuestra existencia. No obstante, aunque la experiencia de lo siniestro ciertamente nos hace más vulnerables y nos expone al peligro, finalmente termina otorgando más valor y vivacidad a nuestros días, esto ultimo siempre y cuando logremos sobrevivir al terror que muchas veces y de modo indefectible ello supone.