Otac/ Erika Guerrero

Nikola (Goran Bogdan) representa lo que es posible denominar como “un olvidado” dentro de su misma tierra, de la lealtad de sus vecinos, su trabajo, el sistema de protección social. Nada habrá en esta historia que le dé una oportunidad para respirar o abrigar esperanza en la vida que se ensaña con un hombre, marido y padre que se despeña en cada secuencia.

Una de las escenas más cruentas que he visto en el cine es aquella -con la que arranca este filme- son las imágenes de la madre de los hijos de Nikola quien pretende terminar con su vida y la de sus hijos a causa de las injusticias han cometidas con su marido. Punto de inflexión tremendo en el que estalla un drama sin proporciones y que escala con tal dureza pues el protagonista deberá afrontar a fuerzas sobrenaturales de corrupción y abandono social. Solo mirará cómo sus hijos son alejados ya que la pobreza justifica al sistema para entregarlos a una familia dejando de verlos.

La paternidad es el núcleo catalizador de cada mirada intensa, casi sin gestos, apagada en la rutina interminable de las carencias de Nikola, su lucha casi perdida para sacar a su familia, a sus hijos de ese paisaje que observamos: inmensas dimensiones tricromáticas, cielos eternos, soledades impresas en la vida de los ausentes y olvidados de una sociedad también desoladora.

Cada tanto surgirá un movimiento, un gesto amable, la ilusión y; sin embargo, son capas impenetrables, engañosas, pétreas y salidas imposibles para este padre, quien camina como una metáfora del éxodo eterno a una esperanza real profundamente ingenua. Una carta para un funcionario gubernamental representa su “palabra” de auxilio para recuperar su calidad de padre amoroso, preocupado, protector, el sentido de una vida carente de todo aquello que un país fracturado le priva.

No hay hendidura mayor que confiar una y otra vez para constatar la absoluta pérdida independiente de nuestras convicciones. Un drama social, realismo brutal para un personaje, como decíamos más arriba, cuyos rasgos, surcos en el rostro, la mirada, los cada vez más hundidos ojos; que nos traspasa por su simpleza e ingenuidad, por las lágrimas que solo en dos ocasiones caen: por desesperación y al abrazar a sus hijos. Si pudiera parecer un ser humano ya insensible por su vida mínima no es tal. Es un personaje fundamental, de profunda humanidad y valentía sin estridencias, a él lo vemos sentado a una mesa vacía todo e incluso así, confiando en recuperar a su familia.

Erika Guerrero

Father (Otac) - Cineuropa

OTAC

DIRECTOR: SRDAN GOLUBOVIC

PAÍS: SERBIA

AÑO: 2020

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