Carnage (Un Dios salvaje)/ Érika Guerrero

En una de las dos locaciones exteriores del filme, se observa un grupo de niños en un parque, los que de pronto se trenzan en una pelea y uno de ellos golpea fuertemente a otro en la cara. Cierra la secuencia y giramos a una habitación en la que Penelope Longstreet redacta una suerte de declaración respecto de lo sucedido entre Zachary- hijo de Nancy y Alan Cowen (Kate Winslet y Christoph Waltz)- y el suyo, Ethan, con Michael Longstreet (John O´Reilly).

Ethan es quien ha quedado malherido y las parejas, en un acuerdo insólito por su adecuación a los buenos modales y pasiones domesticadas por un entramado social, cultural, económico, de las expectativas ansiosamente domesticadas para no quemarse en el fuego infernal de lo diferente; establecen una suerte de PAX romana y sortean “civilizadamente” una batalla sangrienta de dientes perdidos y labios inflamados. Se debe apisonar muy bien el terreno de cualquier rasgo que los exponga al juicio social de lo inapropiado, independiente si en su fuero interno quisieran arrancarse los ojos.

La historia, los diálogos teatrales, ocurren en la casa de los Longstreet como única locación interior, logrando encorsetar cada intervención las que ascienden desde esa armoniosa escena ideal de acuerdos y paces, a un desatado ametrallarse como padres, parejas, seres humanos. Bien dicen que en las crisis se conocen a las personas: el enfrentamiento de los hijos de estos cuatros personajes muy bien interpretados, sienta las bases para que cada uno, en su trinchera cotidianamente custodiada, comience poco a poco a desenmascarar a los otros y a sí mismos.

Nancy, compuesta, algo nerviosa, pero de encanto propio de su vida de esposa de abogado exitoso y trabajo interesante, todo muy bien remunerado, aunque demandante, será quien comience a resquebrajarse y enfrentar a un marido que encarna la enajenación y una ausente ética hacia los seres humanos. Mientras que Penelope, es el fiel reflejo de la sensibilidad ante el dolor del mundo, una “bella” mirada construida a partir de sus intereses por el arte (libro de uno de sus artistas favoritos que será la víctima de las catarsis de Nancy), la lectura y la escritura ¿Y su esposo? El conciliador, el que desea que todo se solucione tal y como vende objetos, una suerte de mercader contemporáneo que va de pueblo en pueblo, si bien, ha logrado conseguir un estatus económico notable. Anodino. Sí.

Los cuatro, con vasos de whiskey en la mano al borde de una borrachera de aquellas, no solo finalizan un complejo diálogo de destrucción, dolor, frustración, pérdidas e ira -entre muchas fuerzas centrífugas que se escapan-, habrán transitado con gran fuerza dramática a su propio clímax. El desenlace, eso sí, estará en la segunda locación exterior: lo que sucede entre los hijos y cómo estos solucionan el conflicto de lo “correcto” e “incorrecto” que hizo correr sangre en un acomodado departamento burgués de New York.

Érika Guerrero.

CARNAGE (UN DIOS SALVAJE)

DIRECTOR: ROMAN POLANSKY

PAÍS: FRANCIA-ALEMANIA

AÑO: 2006

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