THE ROYAL TENENBAUMS/ érika Guerrero

Wes Anderson en este, su tercer filme, fue capaz de crear una historia enrevesada, divertida, compleja y, sobre todo, de una ironía fascinante. Me sorprendió desde los primeros minutos en los que engarza a la perfección un relato de entrega por capítulos: cada personaje tiene asignada una fracción del filme sin que por ello se pierda el hilo central que es una familia plena de recovecos y que se ha venido a menos, luego de una resplandeciente etapa.

Los Tenembaums surgen de una tradición de comedia algo negra que, paulatinamente, recobran el sentido y el brillo de antaño cuando las historias les permitan desprenderse de fracasos, silencios, trastornos de infancia, falsas expectativas y quizá un exceso de pragmatismo en uno de ellos, la madre.

La familia está compuesta por Royal, el padre (Gene Hackman, grandioso); Etheline, la madre (Anjelica Huston); Chas, el hermano exitoso en los negocios en su niñez (Ben Stiller); Margot, la hermana adoptada y escritora de dramas (Gwyneth Paltrow) y Richie, eximio jugador de tenis (Luke Wilson). Quienes los rodean: Eli Cash, amigo de la infancia de la familia (Owen Wilson); Raleigh, marido de Margot (Bill Murray); Henry, el pretendiente y futuro marido de Etheline, (Dany Glover).

Estos actores son quienes, cada uno con su estilo, se yerguen en un símbolo de lo que será la extraña historia de la familia. Muchos dirán por ahí, una del tipo disfuncional, pero yo prefiero dejarla como un cubo Rubik al que se accede muy difícilmente si queremos que todos los colores coincidan y sentirnos felices con aquello. Ya decíamos más arriba que siendo pequeños, la madre y los tres hermanos brillaban por su experticia en los deportes, los negocios, la escritura y ello les deparaba futuros claros de éxito. Sin embargo, algo ocurre en el camino que, a su modo, los hace retirarse del mundo y adquirir una opacidad que no es del todo encantadora. Chas en su depresión y obsesión compulsiva frente al peligro y que lleva a sus hijos como una extensión de sus fijaciones. Margot que se refugia en el tabaco y en el silencio, y escapa dentro sumergiéndose en el agua, a puertas cerrados del baño, de un matrimonio sin ninguna conexión. Y mi querido Richie, el talentoso Richie, único hijo que sostuvo una relación más cercana con su padre hasta la juventud, que ha debido huir en una distancia solo física a causa del amor idílico por Margot, sí su hermana, pero hermana adoptiva como siempre justifica.

Ethelvine fue la más ejemplar de las madres una vez que se separa de Royal, y quien aceptó la situación sin grandes miramientos. El padre se fue y por mucho tiempo no tuvo contacto con la familia hasta que -no entraremos en detalles-, quiere “recuperar” el tiempo perdido. Será su figura la que posibilita la magia de la historia: desatar el cubo “desordenado”, en el que no están todos los colores en los mismos lados y en esto radica su delirante caos.

La vida es así, aunque no nos parezca tan risible, perdemos quizá mucho tiempo en esperar que con cada vuelta o giro todo coincida. O tal vez no sea así, sino una búsqueda perpetua de saber cómo es en realidad este juego en el que las emociones, las pasiones pueden presentarse con un tonito de ironía, casi al borde de lo ridículo o, incluso, derechamente absurdas, sin que por ello pierdan humanidad.

Contrario a la lógica de una familia tradicional, los excéntricos personajes resisten a la tragedia, a la obsesión, al amor imposible, abandono, a la muerte con una fórmula inesperada: dejan coturnos y máscaras para fracturar la representación y retornar a una nueva representación conmovedora y que ha hecho las paces con la vida.

(Atención con la banda sonora, un lujo)

Érika Guerrero

Los Tenenbaums, una familia de genios (The Royal Tenenbaums, 2001)

THE ROYAL TENENBAUMS

DIRECTOR: WES ANDERSON

PAÍS: EE. UU.

AÑO. 2001