SideWays (Entre copas)/ Erika Guerrero

El Valle de Santa Ivez -ubicado en el Condado de Santa Bárbara-, es una las zonas de cultivo de vides más famosas de la producción enológica norteamericana. Sin duda, debemos hacer referencia a la escenografía en la que esta historia se desarrolla, debido a que une a sus tres personajes protagonistas: Miles (Paul Giamatti), Jack (Thomas Haden Church) y, evidentemente, el vino. El arranque del filme podría ser algo anodino si hemos de considerar que dos amigos de juventud han decidido pasar la última semana de soltería de uno de ellos (Jack) jugando golf, disfrutando de la buena mesa y catando los mejores vinos, materia en la que Miles es un especialista, además de encarnación personal de una de las cepas: el Pinot.

Esta pareja plena de contradicciones y complementos deleita su paladar con todo tipo de placeres sensoriales que les ofrece con generosidad la visita a variadas viñas y restaurantes, enmarcados en paisajes cromáticamente indispensables para lograr el contrapeso ideal de la ruta del vino.

El viaje adquiere un tono de rito de pasaje hacia la vida en pareja y la lealtad que conlleva un matrimonio (Jack); y la evidencia de una ruptura amorosa que aún ensombrece la existencia de un entrañable catador de vinos como lo es este amigo seductor en su tristeza y nostálgico rabioso en ocasiones (Miles). Los dos personajes viven una suerte de maduración a escalas diferentes. El novio que encarna la sensualidad desatada, esa irreprimible búsqueda del placer inmediato, la desafección absoluta por la cata de vinos (motor esencial del lugar elegido para el viaje), incapacidad absoluta para evaluar su conducta y repercusiones en otros, es un personaje que terminamos comprendiendo que “es así”. Divierten sus “descubrimientos de amores rupturistas”, esa inmadurez que requiere una buena reprimenda para que arribe, como “debe ser” a los brazos de su novia oficial y esposa a pesar de “todo”. Poco falta para encarnar el lema aquel de “debía experimentarlo todo” para entender que “no todo se puede experimentar”. Jack tomará el camino de la gracia después de entender que las decisiones que se toman, efectivamente, causan daños colaterales; y las emociones descontroladas, solo pusieron de cabeza su vida (que su aprendizaje sea duradero, no tenemos ninguna certeza, eso sí).

¿Y Miles? No puedo negarlo. Es entrañable, sensible, generoso, paciente, leal y, claro, un poético depresivo. Su matrimonio se fue a pique, su novela está al borde del precipicio de ser solo papeles sin publicarse jamás, su trabajo una monotonía que solo resta, ¿qué más? Tanto de aquello que convierte a un ser humano en una opacidad absoluta. Entonces qué sentido tiene abogar por este personaje que tiene el timón del barco en viaje a la transformación: hay muchas cualidades y de distinta naturaleza. Ya hemos reconocido algunas más arriba y, sin duda, es imposible soslayar uno de los diálogos magistrales del filme que se suscita cuando Maya (mesera de uno de los restaurantes que visita y que jugará un gran papel en la vida de Miles) y él conversan al calor de uno de los tantos vinos notables que degustan.

“¿Por qué te interesa tanto el Pinot?

El Pinot es difícil cuidar esa uva…tiene una cáscara delgada y temperamental…madura temprano. No es una sobreviviente como el cabernet, que puede crecer en cualquier lado, aun cuando la descuiden. No, la Pinot necesita cuidado y atención constantes. Es más, solo puede crecer en lugares muy específicos escondidos del mundo. Y solo los agricultores más pacientes y cuidadosos la cultivan. Solo aquellos que se toman el tiempo para entender el potencial del Pinot pueden sonsacarle su expresión más completa. Y, además, sus sabores son de lo más inolvidable y brillante y emocionante y sutil y antiguo del planeta. Los cabernets pueden ser poderosos y exaltadores, pero parecen prosaicos en comparación con los pinots”.

Estas palabas son notables, acunan deliciosamente en una cepa la esencia de Miles, un alma delicada, extraña, escasa, de brillos sutiles y que, ante lo prosaico que puedan ser los seres que rondan su vida, él conserva la riqueza del color luminoso, intensidad, el aroma, y un sabor a frutas incomparable por su suavidad. Se ha añejado lo suficiente, lo justo como para ser descubierto y descorchado en el momento justo. Este será su pasaje, el rito de un viaje iniciático, el descubrirse como la cepa del Pinot e reiniciar su vida desde esta rendija por la cual la luz ha comenzado a entrar a raudales.

Hablamos del tercer personaje: el vino. Este, indudablemente, debe ser catado por cada boca, ojos y nariz. Cada cepa es uno de nosotros, lo que somos en verdad y, quizá, encontraremos en ella lo que dice de nosotros tan solo con jugar en una copa, el día preciso, del año exacto.

Erika Guerrero.

El Cine y el Vino. Vol. 01 [Entre copas] | El Blog de Finca de los Arandinos

SIDEWAYS (ENTRE COPAS)

DIRECTOR: ALEXANDER PAINE

PAÍS. EE. UU.

AÑO: 2004