ROBERTO BOLAÑO: UN CRONISTA DE LA INFAMIA/ Andrea Hidalgo

El concepto de infamia refiere, según la RAE,  a la idea de lo que se entiende “como vileza o maldad en cualquiera de sus líneas”. A su vez, y desde el ámbito de su construcción morfológica, este término también puede entenderse como todo aquello que carece de fama o reconocimiento público. Estas dos acepciones parecieran generar una relación simbiótica a la hora de internarse en la lectura de La literatura nazi en América, terceranovela del escritor chileno Roberto Bolaño publicada en 1996.

Reconocida como la obra que abrió camino al reconocimiento público de la figura de Bolaño en el quisquilloso y selectivo mundo de la crítica, La literatura nazi en América se presenta ante los lectores como un relato articulado sobre la base de tres ejes temáticos esenciales: la muerte, la infamia y la escritura del mal. Desde esta configuración, la obra se construye a partir de una sucesión de biografías ficticias de personajes cercanos al mundo cívico/militar, literario, artístico e intelectual donde el elemento vinculante es la adhesión irrestricta de cada uno de ellos a principios e ideas del fascismo.

Así, en cada uno de estos relatos es posible reconocer historias de seres asociados a altas esferas del poder económico, político e intelectual que, durante el desarrollo de la lectura, van revelando a través de sus acciones, fracasos y permanentes frustraciones, una existencia inmersa en la mediocridad y decadencia profundas por lo que su actitud vital y su accionar suelen estar atravesados por la fatalidad, la locura y la insatisfacción lo que se convierte, irremediablemente, en el germen de su naturaleza infame.

De este modo, en la primera parte de los relatos, el tiempo transcurre de modo lineal, respetando una cronología rigurosa y ordenada con visos históricos que aportan a las narraciones una importante carga de verosimilitud. Posteriormente, el tratamiento del tiempo se vuelve errático observándose cierto estancamiento en su flujo natural. Esto último funciona como una suerte de reflejo de la evolución experimentada a nivel psicológico por los personajes pues, en la medida que estos perfilan y acentúan sus rasgos viles y su crueldad, la lógica causal en la sucesión de acontecimientos pareciera detenerse y perderse en el mar de sus delirios y cavilaciones desmarcándose, de este modo, de los hechos que frenéticamente se suceden a su alrededor.

A partir de lo anterior, los ejes temáticos de estas narraciones comienzan a develarse, dejando al descubierto la nefasta influencia de ideologías asociadas al culto por la segregación, el desprecio por la vida humana y la convicción acerca de la existencia de la superioridad de “algunos seres ” respecto de “otros seres” lo que se traducirá, al interior de los relatos, en una serie de situaciones en las que la crueldad, la infamia y la muerte se constituirán como tópicos recurrentes.

Considerando todos estos elementos y más allá de la intención de caer en un análisis meramente estructural de esta novela, resulta necesario detenerse en la profunda paradoja que predomina en la totalidad de los apartados que conforman esta obra pues, quienes protagonizan sus historias,   se perciben a sí mismos como individuos que poseen una marcada  superioridad intelectual en relación a otros personajes que cohabitan en su espacio y momento histórico sin embargo, al mismo tiempo, permanecen sumidos en la mediocridad y el fracaso lo que los vuelve irremediablemente despiadados en su accionar seguramente porque la idea de someter a otros, doblegarlos y exterminarlos, les devuelve la confianza en sí mismos otorgándoles la pequeña cuota de fama y poder que su propia naturaleza les ha negado.

En virtud de todo lo anterior es posible afirmar que esta obra permite al lector aproximarse a la violencia, el delirio, la muerte y la locura de la condición humana relatada mediante la construcción de vidas ficticias, de seres ficticios cuya forma de entender el mundo oscila entre la profunda frustración por carecer del talento y la sensibilidad artística que tanto veneran y la necesidad de validar, a través de sus acciones y del abuso del poder que les ha sido otorgado, la mediocridad de su existencia. Quizás esto último sea, el mayor acierto de Bolaño en esta novela: haber sido capaz de dibujar, haciendo uso de la palabra, el retrato de la infamia, esa condición de nuestra naturaleza humana con la que convivimos con demasiada regularidad, de manera cotidiana, silenciosa y peligrosamente.

Andrea Hidalgo.