IMAGINISMO LITERARIO : OTRA MIRADA DE LA VANGUARDIA LATINOAMERICANA/ Andrea hidalgo

Como es sabido, la Vanguardia literaria latinoamericana centró las bases de su propuesta en la idea de sustentar la creación artística en la materialización de una actitud provocadora, que desmarcara a las obras de todo aquello que restringiera la libertad individual en su proceso de creación. De este modo, cada género fue incursionando en la búsqueda de nuevas formas de expresión que tributaran a este afán rupturista inspirado por una esencia contracultural.

En el caso de la narrativa, los relatos comenzaron a orientarse hacia la profundización en el mundo interior de los personajes, reduciendo los espacios y acotando la descripción de estos a lo estrictamente referencial. El acento fue puesto entonces, en la narración desde múltiples puntos de vista acerca de los estados del alma de quienes habitaban esos lugares, cargando dichos ambientes de una connotación reflexiva volcada hacia el mundo de las ideas y disociada, hasta cierto punto, del mundo de los acontecimientos.

A fines de la década del 1920, y en medio de una álgida polémica desatada por ciertas voces del mundo literario de ese entonces que defendían a ultranza las ideas de un alicaído criollismo, surge en Chile una nueva estética denominada Imaginismo Literario. Su propuesta: la superación de ideas realistas y naturalistas centradas en la descripción detallada y minuciosa de la realidad social y el reemplazo de estas por una estética en la que predominara el uso de un lenguaje sencillo, preciso y a la vez poético, despojado de la complejidad críptica empleada por otros vanguardistas, mediante el cual se describiera el espacio de la urbe y también la experiencia vital de los seres atrapados en su vertiginosa cotidianeidad.

Entre connotados autores que hicieron eco de esta propuesta,  destaca la figura de Salvador Reyes, quien se erige como líder natural de este grupo, llegando a ser considerado como uno de los precursores de la Vanguardia Literaria en Chile.

Su obra, centrada en temáticas vinculadas a las nacientes ciudades del Chile de inicios del siglo XX, se focaliza en la construcción del imaginario de los puertos como el espacio en el que comenzaba a delinearse el perfil de un mundo que, revestido de una aparente prosperidad, ocultaba aspectos de la vida humana que, hasta entonces, la literatura no se había detenido a abordar.

De este modo, en su novela Valparaíso puerto de nostalgia de 1939 (publicada originalmente bajo el título de Piel Nocturna), Salvador Reyes nos inserta en un universo narrativo vinculado al concepto de lo “fantástico social” en el que se abordan y relevan las experiencias sensoriales de los personajes respecto de la vida y del mundo y no el rol funcional que dichos seres cumplen dentro de él.

De esta forma, el autor nos conduce, mediante un tratamiento del tiempo lineal y vertiginoso, hacia el mundo interior de quienes protagonizan sus historias, dejándonos ingresar no sólo en su hacer sino también en el modo que estos tienen de significar su existencia.

Así, los personajes de esta novela (marinos, mujeres de alta sociedad y empleados de oficina) transitan entre el espacio material del puerto, que representa la cotidianeidad y el hastío que ello supone, y un espacio indeterminado denominado “El Club” que representa una vida otra, en la que estos pueden despojarse de las máscaras que su lugar en el mundo les ha otorgado y abandonarse a su naturaleza genuina con todos los efectos que lo anterior implica.

En el espacio nocturno de “El Club”, desaparecerán entonces los prejuicios y las categorizaciones sociales, respirándose un aire de horizontalidad en las relaciones allí forjadas que se esfumarán con sistemática nostalgia en cada amanecer. En este espacio neutro y difuminado por la vida bohemia, se relevan aspectos de una suerte de irrealidad que se centra, fundamentalmente, en materializar el sentir de los personajes a partir de la descripción de sus emociones respecto del mundo y no en función de la experiencia material que estos tienen de él. De este modo, Salvador Reyes, nos permite descorrer el velo de la intimidad de sus creaturas (que en el fondo y en cierta forma nos representan a nosotros mismos), revelándonos su esencia más allá de lo que estos pretenden o aparentan ser, dotándolos de una libertad infinita para dejar fluir su experiencia sensorial del mundo en un contexto epocal en el que dicho ejercicio era considerado casi una quimera.

Teniendo en cuenta lo anterior, es posible concluir que el gran mérito del Imaginismo literario fue, en cierto modo, la idea de reversionar la propuesta original de la Vanguardia, distanciándose de las imágenes simbólicas construidas en sus obras, muchas veces inaprehensibles desde el punto de vista de la percepción, proponiéndonos, en cambio, un pacto de lectura diferente, simple pero también en extremo ambicioso: permitirnos (re)visitar, de vez en cuando, nuestra compleja naturaleza a través de sus personajes, para encontrar en ella lo que en realidad somos, más allá  de los disfraces cotidianos, la brutalidad de la vida y de la inercia que, desafortunadamente, casi siempre nos arrastra y nos arrasa.

Andrea Hidalgo.