Ensayos

Frantz/ Erika Guerrero

Ya hace varios años, me dediqué un tiempo para pensar y repensar este filme tan entreverado con una historia de tintes macabros, como lo fue la Primera Guerra Mundial. La relación que pudiera existir entre alemanes derrotados y bajo las reglas de un Tratado de Versalles vergonzante para su alma, para el pueblo germano que gestaría una conflagración que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial; y los triunfadores, particularmente, franceses.

Ozon recurre para otorgar una atmósfera de duelo al blanco y negro en gran parte del filme a excepción de unas escenas de las que hablaremos más abajo. Acá el bicolor cubre no solo a familias, amigos, novias, viudas sino que realza una atmósfera en la que los cabizbajos habitantes de un pueblo alemán, intentan reanudar una vida truncada no solo por la derrota sino por una rabia subyacente y que brotará con la llegada de un curioso francés quien se nos presenta como un fantasma dejando flores en la tumba vacía de un soldado alemán caído en la guerra. Adrien desafía con cada paso a esa ponzoñosa repulsión de quien se alza como una afrenta.

He aquí que arranca una historia en la que el perdón, el engaño, la muerte, el resentimiento, las ilusiones y el amor se transforman en un péndulo que oscila con cada escena; en la que se desgranan sentimientos con miradas sutiles, frágiles gestos, aunque sus efectos desatarán esa emoción que atrapa y nos obliga a tomar partido durante las casi dos horas en las que este filme nos deja con preguntas fundamentales:

¿Hasta dónde se puede perdonar al que perdona a un asesino?

¿Es ético, moral, aceptable el ocultamiento de una verdad tremenda solo para proteger del sufrimiento a una persona?

¿Podemos sobrevivir a un enemigo quien nos arrebata parte de nuestra vida y de manera casi instintiva o inconsciente?

Anne y Adrien serán los resortes para comprender, en parte, que la construcción de una identidad se traduce en ocultar, reconstruir, disfrazar, crear facetas que caen y se rehacen a medida de quien las necesite y para qué las use. La equilibrada y fuerte novia de un soldado muerto en la guerra quien recorre un trayecto brumoso entre las callejuelas del pueblo hacia el cementerio para honrar a su prometido, será el sostén de los padres de Frantz. Será ella quien los reconforte hasta conocer una verdad insostenible para su entereza. Adrien, jugará un rol de hombre desolado por la culpa, la mentira, la necesidad de perdón y no cejará en sus intentos de ser redimido hasta que sobrevive a la pintura “El suicida” de Monet gracias a Anne.

Una historia con muchos símbolos y aristas por observar con detención y disposición a desdoblarse caminando por calles empedradas y faroles de inviernos eternos.

Y para no olvidar: una de las pocas escenas en color en la que Anne y Adrien, sentados en la saliente de una montaña nos recuerdan a Caspar David Friedrich. Ese Romanticismo alemán al que Ozon echa mano para realzar toques de violín, canto y música.

Frantz (2016) - Filmaffinity

FRANTZ

FRANCOIS OZON

FRANCIA – ALEMANIA

2016

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