Ensayos

The Danish Girl/ Erika Guerrero

El poeta de mi vida (Jorge Teillier) hace mil años me susurró que “la tierra del desamor no existe”, y Einar y Gerda Wegener, los  protagonistas de esta historia, a principios del siglo XX, materializaron estos versos en un entramado de profundo amor que hoy nos resuena más que nunca. Este filme relata su historia de lucha y “ser para el otro” que traspasó cualquier límite imaginable. Con una notable Alicia Vikander (Gerda) y el siempre noble Eddie Redmayne (Einar), el filme nos sumerge en el color, las paletas, telas, formas y fondos de pintores comprometidos y finísimos; y el mundo artístico del Copenhage de los años 20; y en la vida de dos seres que transitaron en los terrenos tan esenciales como son la identidad, la voluntad, el deseo y la determinación.

Ambos artistas de la bohemia de la época de pronto sumergen al espectador en una dualidad para la que no estamos preparados las más de las veces: ¿seremos  hombre y mujer, connaturales, innatos, en un matrimonio en el que los roles están tan predeterminados que ningún traspié podría romper estos estereotipos? Claramente, no. Obvio, cada trazo en las vidas de dos seres que podríamos decir que son desaventurados y, a la vez, transgresores nos dice que no podría ser. Si el amor nos ha sido regalado, ¿existirá alguna esquina que destroce este sentimiento? Gerda, Einar y nuestra Lili gritan que un rotundo no.

Sin duda, la transformación que sufre Einar (a Lili) hacia su anhelo de verdad, de reencuentro, de conciliación con su fuero interno, de “vivencia viva” y real (disculpen las repeticiones), representa para una comunidad de seres desplazados y, las más de las veces, anónimos y víctimas, la gran oportunidad de mirarse ante la valentía de optar, sí, de “elegir” ¿Será posible optar ante el espejo que no soy quién soy, o ese espejo siempre responderá en el cuento con un engaño? Claramente que para este pintor, muy reconocido y elogiado, ese reflejo que estalla en un detalle de disfraces y juegos, en lo tan oculto y tan esencial, lo desafía a la verdad: he llegado al mundo con un rótulo de masculinidad, de hijo, hermano y esposo al que he respondido con toda mi convicción e, indudablemente, con amor? O soy otro? O soy otra? Gerda, su esposa incondicional, es quien lo expone a esta fisura en la puede hundirse y anularse para siempre, o actuar como un ser trágico pero honesto.

Einar es transexual. Un cuerpo prestado a lo largo de mil años al establishment y que al que respondido con la pulcritud de sus pinturas, la del pantano de Velje y por tantos años; de tal forma asumido este reflejo que aplacó las evidentes señales de sus deseos. Miró, gustó, tocó, amó, habló desde un cuerpo en el que no era sino un extraño pretendiendo ser su mismidad. Hasta que el acto de mayor amor que un ser pudiera esperar que es la incondicionalidad consciente y generosa, de esos actos de mayor amor que pudiera esperarse, que es el de su esposa quien lo acompañará en el proceso del reencuentro, de la respuesta esencial al quién era, y que lo lleva a la aventura de una transformación que significaría su muerte, pero la muerte de una carne trémula, no de la real, esa que despierta al deseo y la verdad.

Yo solo creo saber quién soy ¿tú lo sabes?

Erika Guerrero.

THE DANISH GIRL

DIRECTOR: TOM HOOPER

PAÍS: UK- EE.UU.

AÑO: 2015

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