Madadayo (aún no)/ Erika Guerrero

Consejo del SEN SEI: Por favor, busca en la vida esa ÚNICA cosa que seas “capaz” de valorar, aquella que cuando la encuentres dediques  tu vida a “profesarle” todos tus esfuerzos, procurando siempre trabajar tan duro como sea necesario hacerlo por esa preciada cosa. Pon tu alma en ella, pues será tu gran TESORO PERSONAL. Ya sabrás qué quieres, pero deberás siempre trabajar con ahínco y luchar con  mucho para que sea precioso a los ojos de otros. Esta será tu “profesión” y en ella pondrás todo tu corazón, demostrando su verdadero valor.

Estas palabras que corresponden a una de las secuencias finales del filme, las rescaté para enviarlas a un gran amigo y quiero iniciar este comentario con ellas, pues, desde ahí, desde el final, me parece que este filme atrapa mis emociones más preciadas y que las resguardo desde hace muchísimos años. Cada vez que me he visto enfrentada a la duda respecto de aquello a lo que le dedico mis esfuerzos, a lo que intento hacer esplender entendiendo que es mi “preciado tesoro”, me alienta la profunda convicción que descubrí en un momento crucial, que ese y no otro sería mi TESORO PERSONAL. Y también he intentado transmitirlas a mis alumnos desde que inicié mi “oficio” de profesora.

Uchida es un profesor japonés que dicta clases de alemán, quien deja la enseñanza para dedicarse a la escritura (en medio de la Segunda Guerra Mundial, nota relevantísima) y lo anuncia a sus alumnos con esa característica exquisita que es un humor incisivo y mirada inocente de la vida. En medio de una confrontación bélica aterradora, Kurosawa no distrae con escenas desgarradoras sino que se centra en una filosofía simple y trascendente (hay lecturas del budismo, taoísmo y espiritualidades que me considero incapaz de abordar), dedica su atención en este personaje, en una historia que trasluce tópicos de su filmografía clásica-esta es su última película, casi un testamento-.

Los alumnos del maestro cuidarán con una veneración delicada a su ex profesor, no solo su maestro sino un guía que les dio a sus vidas esa trascendencia que cuánto profesor desearíamos haber legado para nuestros estudiantes. Y a raíz de esto, se unen y le ofrendarán todo aquello que Uchida requerirá en su proceso de abandono de la docencia y traslado a la escritura: hogar, abrigo, tranquilidad, cuidado y sí, también, veneración a la palabra y acción de un ser que ha alcanzado una sabiduría para ellos entre la comedia, genialidad y extrema sensibilidad. Esencial: su cumpleaños. He aquí que nace un ritual bellísimo en que sus alumnos le preguntan: “Mada-kai? (¿Estás listo?) y él les responderá: “Madadayo” (Aún no). Es la pregunta que a diario quizá nos hacemos: ¿Estamos listos para morir? Queremos que no sea así, no lo estamos, tenemos pendientes, ansiamos un poquito más de vida, no lo sé ¿Quién podría decir que está listo para morir y declararlo a viva voz? ¿Requiere de valentía, renuncia? ¿Será acaso algo que nos sobrepasa como seres humanos, seres vivos el querer trascender y permanecer en la vida y no en una muerte que desconocemos? Yo, en lo personal, no lo sé. No conozco ni profeso alguna filosofía que me ayude a responder una pregunta tal: ¿estás lista para morir?

Claramente, lo efímero se plasma en secuencias tan transparentes como la pérdida de la casa del profesor debido a bombardeos bélicos, en una habitación que siempre está afecta a modificaciones, pero que para Uchida le permite jugar a limitar. Siempre dejará en claro que sus espacios son sagrados, no importa cuán reducidos, escasos o amplios sean, tienen límites ajenos a egoísmos, solo son una declaración de la unicidad de su ser ante los otros a los que quiere: esposa, alumnos, los otros. Y cuánto emociona que en este conjunto de relaciones afectivas aparezca un gato, Nora, quien al desaparecer lo suma en una tristeza infinita. Un ser tan enigmático como este gato devela cuán profunda es su comunicación con lo natural: los peces, las plantas, el agua, la lluvia, la luz, las tormentas, la oscuridad. Todo esto tan íntimamente unido a la naturaleza del ser humano y que él siente en su fibra. Tanto más. El humor, las canciones, las salidas insospechadas, las cenas compartidas, la clara conciencia de lo que la guerra ha significado para la sociedad japonesa. Nobleza, reconocimiento, admiración, protección, la escena final a la que nos referimos al inicio, su declaración de principios: cuida, esfuérzate, valora tu tesoro. Uchida nos invita, Kurosawa se despide con este mensaje.

Erika Guerrero.

Madadayo (OmU) [Alemania] [DVD]: Amazon.es: Matsumura, Uchida Tatsuo,  Kagawa, Kyoko, Igawa, Hisashi, Tokoro, Joji, Kurosawa, Akira, Matsumura,  Uchida Tatsuo, Kagawa, Kyoko: Cine y Series TV

MADADAYO (AÚN NO)

AKIRA KUROSAWA

JAPÓN

1992