Ensayos

La delgada línea roja/ Erika Guerrero

(Solo para contextualizar: Batalla de Guadalcanal 1943. EE.UU frente a fuerzas niponas desde 1942 a 1943 en el sur de las Islas Solomón).

Este filme no lo vi sino hace unos tres años atrás y me hizo ingresar a un cine belicista que no me provocaba ninguna curiosidad; y la vida es generosa, de múltiples maneras y en tiempos propicios. Estuve observando, escuchando, siguiendo cada plano, cada rostro, cada palabra que pretendía recordar para siempre. Fue una empresa que solo concluyó en la admiración absoluta de lo que fuera para mí una las experiencias más trascendentes.

Y luego, nada.

Solo el usar permanentemente la expresión “la delgada línea roja” para mi idea de estar al límite de lo posible, de lo correcto, de la bello, de lo asible, de la esperanza o la pérdida. Una inagotable apreciación de que la vida podría ser binaria, una única opción ante lo que nos puede transformar en humanos o perder esa cualidad y lanzarnos a la inhumanidad, razón y fuente de la destrucción de los otros y lo otro.

Ayer, vi este filme nuevamente y sentí que significaría una suerte de reencuentro ante ese amor que ha quedado suspendido, el amor a esa madre, padre, hermanos, a afectos que deseamos que no se hayan alterado, sino solo madurado. Y tal cual, La Delgada Línea Roja, ha sido un cruce atemporal con esa experiencia que quedó en la retina.

¿Y, por qué, iniciar estas palabras con el título del filme?  Por el soldado Witt (Jim Caviezel).Un simple hombre destinado a ser el director de un coro de voces de seres perdidos en la incomprensión, la ira, el desconsuelo, desesperanza, la locura, las pérdidas y dolor de un enfrentamiento en el que sus vidas estaban al servicio de una derrota. De un estado mínimo de victorias imaginarias en una batalla egos que los encaminaba a una sentencia de muerte; serán “otros”, los que detentan el poder, decidirán a su entera voluntad, los que vivirán o no; ya no era la vida misma que en un último suspiro consciente les permitirá saber que dejarían de ver sus mundos, sino una orden implacable, venida de una insaciable necesidad de trascender por premios a cuánta muerte dejaran tras de sí. Jim, se inmola por sus hermanos, por la maldita compañía C, condenada desde el inicio de esta historia a una sombra de fatalidad y atribuida al Capitán Staros (Elias Koteas), hombre esencial, íntegro, no un héroe de guerra tradicional, sino de valentía frente a la irracionalidad de un Coronel Gordon (Nick Nolte) que no trepidará en sacrificar soldados para lograr su gran objetivo: vivir una guerra de verdad, la muerte por una causa sin importar lo absurda o  irracional.

Jim, quien percibe ese otro mundo, el de la inocencia, de la vida real, la que se refleja en el juego, en la relación íntima de los hombres y la naturaleza pródiga, en el amor fundante y generador de trascendencia; toca con sutileza la sensualidad de la brisa en los pastizales, en la selva habitada de pájaros multicolores, a los habitantes aborígenes de un espacio en el que no se sobrevive sino que se existe con plenitud y protegido por el amor (en el que se sitúa una batalla cruenta). Ese amor que proviene, que aviva una llama y que ninguna guerra podrá apagar ni robar como nos susurra al oído. Su experiencia en la ingenuidad, en la gratuidad de la felicidad hace que se distancie de la prisión de cualquier forma de muerte, es liberado y ante esa libertad no será sino el eje de y bastión de la verdadera guerra: no perder de vista lo que nos hace estar de un mismo frente. La Humanidad. Cada soldado, cada Capitán o Sargento en su peculiar lucha contra un enfrentamiento enrarecido por un sentimiento de pérdida, recibirá este regalo ¿Qué se ha perdido y Jim nos regala? Ser familia. Recuerdo muchos de sus pensamientos, uno en particular: ¿al que ha sido más bondadoso le viene dado sufrir en menor grado? Claramente, no. Y ahí estará este soldado anónimo para restituir esa luz de trascendencia.

Todos de los personajes que conforman este maravilloso coro de voces adoloridas y expectantes, de ópticas que permiten ubicar en un segundo plano la guerra (pieza antibélica), esa contienda que ya hemos descrito como una jugarreta de adultos con soldaditos de plomo; desembocan en el mar plácido y amoroso que ven en sus últimos suspiros de vida. No habrá nada que obligue a nuestro redentor  a cruzar una delgada línea de esencial amor, estará ahí siempre como el delicado, sensible, incorruptible y sólido hombre universal quien no ceja de proteger la inocencia y bondad.

Atención, Malick reunió a figuras variopintas y de manera magistral: Nick Nolte, John Travolta, Adrien Brody, Jared Leto, George Clooney, Elias Koteas, John Cusack, Sean Penn, entre otros.

Gracias Him Zimmer por tu música, gracias Jon Toll por la fotografía.

Este filme es ese guijarro único que recogemos en una playa desconocida y que dejamos impreso en el alma.

Erika Guerrero.

Resultado de imagen de la delgada linea roja

THE THIN RED LINE

TERRENCE MALICK

EE.UU

1998

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