Ensayos

¿Qué es la literatura? y ¿Qué importa lo que sea? Jonathan Culler/ Jorge Pinto

Los cuestionamientos, las preguntas o interrogantes desde siempre han significado para nuestra especie uno de los fundamentos que motiva el conocimiento. Más aún, saber cuáles son las preguntas qué debemos hacernos, ya sea en un área del saber específico o una disciplina en particular, resulta totémico a la hora de adentrarnos en un camino que bien sabemos puede llevarnos a distintos puertos. Pues bien, hay posibilidades infinitas de preguntarse las cosas y los fenómenos, tantos cuestionamientos sobre un objeto –cualquiera sea este- como granos de arena en una playa, aunque, y ahí radica lo interesante, siempre van a existir aquellas preguntas que nos obligarán a perder el sueño eternamente pues advierten  en su génesis la imposibilidad en la respuesta: las preguntas totales, esas que invitan a perderse en el infinito.

En teoría literaria la pregunta totalizadora que cuestiona la génesis de su fenómeno de estudio (que paradójicamente se construye, se formula y se intenta responder a partir del lenguaje) es ¿Qué es la literatura?

A lo anterior, Jonathan Culler invita en “Breve introducción a la teoría literaria” a cuestionar un tanto la pregunta que por décadas ha molestado a los teóricos de las letras y que hoy por hoy aún no tiene una respuesta unificadora. Culler señala que la pregunta sobre qué es la literatura parece ser una cuestión central en la teoría literaria, sin embargo la realidad demuestra que ésta poco ha importado a lo largo de los estudios literarios. A partir de lo anterior, Culler, se cuestiona cuál es la razón que subyace ante dicha confusión. La respuesta se puede encontrar en dos razones centrales. La primera radica en que la propia teoría literaria se ha servido de otras disciplinas del saber para su estudio. De esta forma la filosofía, la teoría política, el psicoanálisis o la historia se entremezclan con la teoría literaria, generando un espacio híbrido en el que poco importa si los textos que se estudian son o no literarios. Así por ejemplo, indica Culler, si por alguna razón se quiere indagar en las “imágenes de la mujer a principios del siglo XX en la literatura” no solo se utilizarán textos con un carácter literario (si se permite el adjetivo literario), sino que serán bienvenidos al estudio textos de diversas áreas o disciplinas del saber. No parece crucial entonces una definición sobre lo literario para el caso.

En segundo lugar, la distinción sobre qué es literatura poco importa si lo que llamamos “literario” o la “literariedad” de un texto, también lo encontramos en escritos que en primera instancia calificamos como faltos de dicho carácter. Muchos de los fenómenos que distinguimos como literarios resultan estar presentes, en mayor o menor medida, en discursos y prácticas consideradas no literarias. A modo de ejemplo Culler señala que en la naturaleza de la comprensión histórica se suele tomar como modelo de análisis el carácter narrativo. Es más, un historiador no puede ofrecer explicaciones equiparables a las leyes científicas con valor predictivo, sino que más bien analiza como un hecho llevó a otro en un contexto determinado, utilizando como base la narración de los sucesos como su fuente principal. La narración funciona entonces como el vehículo que permite analizar una situación inicial o en desarrollo generando resultados que adquieren sentido para el historiador. Dicho modelo, a modo de ejemplo claro, es la narración literaria. Para Culler tanto la narrativa histórica como la propia literatura se caracterizan por los mismos modelos, por lo que la distinción de lo literario se difumina en su intento.

Entonces, volvemos a la pregunta inicial “¿Qué es la literatura?” y de momento encontrar una respuesta única resulta imposible. Para Culler es necesario hacer una distinción de fondo para enfrentarse verdaderamente con la interrogante: la pregunta sobre qué es la literatura no reclama una definición sino más bien un análisis, incluso, señala, una discusión sobre por qué hay que ocuparse de la literatura.

Lo hermoso –y si se quiere estético- de la pregunta es la invitación consciente (por mucho tiempo ha sido difuso) de que las obras literarias son de todos los tamaños y colores y que la mayoría de los textos que llamamos no literarios tienen más literariedad de la que estamos dispuestos a asumir. Así también, la pregunta nos lleva a abrir las posibilidades y encontrar la respuesta (que asumo no llegará nunca) entre los recovecos de la marginalidad literaria. Asumir que en los márgenes de la literariedad hay literatura es al parecer el camino que nos acerca, aunque sea un poco, a una respuesta convincente: la literatura se compone de un órgano vivo, el lenguaje, y por ende su vivacidad estará en quienes le generen vida y no la estanquen en una corriente determinada, ni piensen en su intento indagatorio que la respuesta puede ser totalizadora como la pregunta misma.

Jorge Pinto.

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