Como doctrina ética, el estoicismo busca alcanzar la “ataraxia”, esto es, la tranquilidad o imperturbabilidad espiritual. Pero para esto habrá que desprenderse de una serie de preocupaciones, prejuicios y emociones que afectan nuestros estados mentales. Uno de estos es la ira, considerada por Séneca como uno de los impulsos que más calamidades ha traído al género humano.

A su juicio, la ira no la hallamos en el resto de los animales, ya que, paradójicamente, requiere de cierto grado de racionalidad. La ira nace al considerar como injustas ciertas cosas que no se merecen sufrir u otras que no se esperaban, relacionándose así con la sorpresa y lo improvisto. Séneca afirma además que es la prosperidad la que alimenta la cólera, es decir, a mayor recursos económicos más altas serán las expectativas de los individuos, por lo que mayor frustración habrá al no ocurrir las cosas como se esperaban. A mayor prosperidad se cree proporcionalmente en una mayor inviolabilidad de los intereses personales.

Es el fracaso en la pretensión de dominio y autoridad, tanto sobre personas como fenómenos, lo que nos frustra. Si es la ignorancia la que nos hace irascibles, debemos ser conscientes de las posibles contingencias y tempestades que puedan ocurrirnos. En alguna medida, es mejor ser pesimistas, pues de esta forma estamos más prevenidos ante las posibles adversidades.

Siempre estaremos sometidos a posibles daños e injurias, de allí lo importante de saber recibirlas, con previsión, paciencia, sumisión a las necesidades y evaluación de su verdadera importancia. A juicio de Séneca, si predomina esta actitud, sacaremos un mejor provecho de nuestra vida, dejando atrás las angustias y ansiedades ante un futuro que solemos esperar con expectativas desmesuradas, ocupándose en tareas intrascendentes para lograr metas que, en realidad, no tienen valor alguno. Toda esta inconsciencia nos termina dando la impresión de le brevedad de nuestras vidas.

Solo gozan de quietud, afirma Séneca, aquellos que se desocupan para admitir la sabiduría, y solo ellos son los que viven, porque aprovechan su tiempo, haciendo suyos los años que van pasando. La sabiduría trasciende así pasado, presente y futuro. Séneca nos recomienda, consecuentemente con su estoicismo, recogernos a cosas mas tranquilas, seguras, elevadas, tales como el ejercicio de la virtud. Olvidarnos de los placeres, causa de la miseria de todos aquellos que no solo se ocupan en sí mismos, sino que, por sobre todo, de lo ajeno. Al vivir la vida pendiente de los otros, ésta se nos hará aún más breve.

Eduardo Schele Stoller.

De la brevedad de la vida | Librotea
De la ira by Seneca

			

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