De lo que no se puede hablar, hay que callar. Wittgenstein 

En El arte de callar el Abate Dinouart nos da algunas lecciones más que acordes a nuestros tiempos, donde predomina la verborrea y la excesiva manifestación de la vaga opinión personal. Dinouart señala que muchos han caído en el infortunio por culpa de la lengua o la pluma, al ser guiados por la furia en vez de la razón, en lo que parece ser una enfermedad epidémica. La misma filosofía parece haberse convertido en un abuso de la palabra.  

De aquí la importancia de saber que hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar. De hecho, el primer grado de sabiduría consistiría en saber cuándo callar; el segundo, en saber hablar poco y moderarse en el discurso. Solo se debe dejar de callar, sostiene Dinouart, cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. Quizás en este punto radique buena parte de nuestros conflictos cotidianos; la desvalorización o evasión del silencio. Con esto no hacemos más que perder nuestra libertad, pues, por el contrario, mientras más hablamos, más parecemos derramarnos y disiparnos por el discurso.  

En este sentido, el silencio del prudente puede incluso valer más que el razonamiento del filósofo; tanto como lección para los impertinentes o corrección para los culpables. El silencio prudente, afirma Dinouart, conviene a las personas dotadas de buen espíritu, de sentido recto y capaces de distinguir con exactitud las coyunturas que obligan a callar o a hablar. Pero esto rara vez ocurre. Como podemos constatar en la actualidad, la gente parece querer hablar y escribir sobre todo, a menudo sin más conocimientos que los que hemos adquirido tras algunas lecturas rápidas o en las conversaciones sociales. Más aún cuando disponemos de medios tecnológicos que nos invitan diariamente a manifestar nuestras opiniones, sin un mayor grado de análisis o razonamiento previo.  

Al respecto Dinouart era claro: “nunca se debe dejar de contener la pluma si no se tiene algo que escribir más valioso que el silencio”. Con esto nos llamaba a no escribir o hablar nada que no haya sido prudentemente meditado. De allí la importancia de mantener siempre una actitud escéptica contra sí mismo, sobre todo cuando nos dominan las pasiones. La escritura y diálogo razonable supone así que antes seamos dueños de nosotros mismos. 

Eduardo Schele Stoller. 

Ediciones Siruela

2 Comments

    1. Creo que a lo que critica Dinouart es el hablar por hablar, esto es, un hablar no meditado o razonado previamente. Claro que esto último no evita el errar y, en consecuencia, el poder aprender. Es la mera habladuría sin fundamento la que no implicaría aprendizaje alguno, pues, de hecho, estas personas suponen que ya saben mucho.

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