“Parasite” y la aporofobia

Como destaca el psicólogo norteamericano Philip Zimbardo, la pobreza representa el latente peligro del mal, ya que bajo ella se tiende a vivir solo en el presente ¿Por qué? Pues porque lo único que interesa es la sobrevivencia cotidiana, esto es, el aquí y el ahora. Al carecer de los bienes materiales básicos para la supervivencia, al pobre se le dificulta la proyección a futuro, disminuyendo, a su vez, la conciencia de las consecuencias o efectos de sus actos. Entre los pobres, en este sentido, es más probable que reine el mal, ya que toda moral se basa en una visión largoplacista de la vida. Bajo este panorama, no queda más que llevar una vida parasitaria; si lo que se quiere es sobrevivir, habrá que servirse de los bienes de los demás.

Un parásito se define como un organismo que se alimenta de las sustancias que elabora otro ser vivo. Al ser de distinta especie, tiende a vivir en su interior o superficie, soliendo causarle algún daño o enfermedad. Visto así, el pobre no solo cuenta como una amenaza contra sí mismo, sino que también contra los demás, de allí que sea visto como una constante amenaza por las clases privilegiadas, tendiendo a derivar todo esto en una nefasta “aporofobia”. La filósofa española Adela Cortina entiende esta fobia como el rechazo a todo aquel que no tenga que ofrecer algo a cambio. A su vez, el economista indio Amartya Sen define la pobreza como falta de libertad, esto es, como la imposibilidad de llevar a cabo los planes de vida que una persona quiera. Se establecen así en la sociedad relaciones de asimetría de poder, lo cual atenta, afirma Cortina, contra los principios democráticos, pues no se reconoce al otro como un fin en sí mismo, sino tan solo como un medio para alcanzar intereses propios. Y al no haber reciprocidad, tampoco puede haber moral.

La película Parasite (2019), del director surcoreano Bong Joon-ho, representa una analogía de todo esto. La ostentosa vivienda de la familia Park puede contar como una alegoría crítica de la desigualdad de clases. El sótano de esta representa el límite al cual pueden aspirar los pobres, en este caso, la familia Kim. Los pobres compiten entre ellos para no ser más que parásitos de los ricos, viviendo de sus sobras. La pobreza se invisibiliza en los sótanos de la sociedad (poblaciones, cerros, tomas). El hijo de los Park fue el único que logró ver (incluso oler) el “fantasma” de la pobreza. Y es que los “parásitos” no parecen ser más que entidades cuya existencia suponemos, más no queremos ver. De ahí en más, Da-song no pudo volver a ser el mismo. Al no poder explicar tal encuentro, en su inocencia, no pudo más que plasmar la pobreza a través del arte, intentando, además, vivir como artista o filósofo, esto es, desde una lejana conciencia. De allí quizás su obsesión por vivir en una tienda fuera de casa, es decir, como hicieran los cínicos, renunciando a los privilegios.

Tal como en las tres transformaciones del espíritu de Nietzsche, la figura del niño nos muestra la esperanza o posibilidad de cambio, de renovación, de inversión de los valores, para un mundo en donde quizás los “parásitos” dejen de estar confinados al inframundo de la sociedad.

Eduardo Schele Stoller.

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