Bataille y la pérdida de lo sagrado

En la distinción que realiza Georges Bataille sobre el mundo animal y el mundo humano, destaca que el primero es el de la inmanencia y la inmediatez, contrario al segundo, al que se le abre la posibilidad de la trascendencia y, con ello, la fascinación del mundo sagrado, pero también la del terror, la angustia y la nostalgia. Mientras que el animal acepta la inmanencia sin protestas, el hombre, en el sentimiento de lo sagrado, experimenta una especie de horror impotente. Aquí domina lo trascendente, tanto en los dioses como en el espíritu. El mundo real permanece como un desecho del mundo divino. De forma general, señala Bataille, el mundo de las cosas es sentido como una decadencia. De esta decadencia es la que se intenta escapar a través del sacrificio, pues lo que se busca aniquilar mediante el mismo es lo que haya de cosa en la victima. El sacrificio, afirma Bataille, destruye los lazos de subordinación reales de un objeto, arrebata a la víctima del mundo de la utilidad y la devuelve al del capricho ininteligible.

Dentro del plano de lo sagrado, el sacrificio opera como la muerte, pues restituye un valor perdido por medio de un abandono de ese valor. Sacrificar, señala Bataille, no es matar, sino abandonar y dar. La ejecución no es más que una exposición de un sentido profundo. Lo que importa es pasar de un orden duradero, en el que todo consumo de recursos está subordinado a la necesidad de durar, a la violencia de un consumo incondicional; lo que importa es salir de un mundo de cosas reales, cuya realidad deriva de una operación a largo plazo y nunca en el instante. El sacrificio es la antítesis de la producción, hecha con vistas al futuro, ya que el consumo que no tiene interés más que por el instante mismo.

Pero la humanidad, destaca Bataille, se ha abandonado a la mera productividad, dejándose guiar por un movimiento que ya no dirige. A través de esto, la masa se ha dejado reducir al orden de las cosas. Ha escapado el pensamiento humano de las rígidas determinaciones del orden mítico para entregarse ahora a la obra de la ciencia, en la que los objetos son claramente y distintamente conocidos. Introducida la claridad en la conciencia y la razón, se ha alejado el hombre de sí mismo. Este es el retorno, nos dice Bataille, a la situación del animal, pues niega la diferencia entre el objeto y yo mismo, igualándonos, en consecuencia, al mero estado de cosa.

Eduardo Schele Stoller.

Resultado de imagen para bataille teoria de la religion