Maffesoli y el neo-tribalismo

A juicio del sociólogo francés Michel Maffesoli, estamos asistiendo a la sustitución de la historia lineal por el mito redundante, tratándose así de una vuelta al vitalismo. El dinamismo social no adopta ya los métodos propios de la modernidad. Hay una vida casi animal que recorre en profundidad las diversas manifestaciones de la sociabilidad. De ahí la insistencia en la “religancia” o religiosidad, parte esencial del tribalismo. Hay un vaivén que se establece entre la masificación creciente y el desarrollo de micro grupos que Maffesoli denomina como “tribus”. En este contexto la masa no responde ya a una lógica de la identidad o a un objetivo preciso. La metáfora de la tribu, sostiene Maffesoli, permite dar cuenta del proceso de “desindividualización”, de la saturación de la función que le es inherente y de la acentuación del rol que cada persona está llamada a desempeñar. Las masas se hallan así en perpetua ebullición, haciendo que ninguna tribu sea estable.

En lo anterior radica la principal diferencia entre los periodos “abstractivos” (racionales) y los períodos “empáticos”, ya que, mientras los primeros descansan en el principio de individuación o de separación, los segundos están dominados por la indiferenciación o la pérdida de un sujeto colectivo, a esto último se refiere específicamente Maffesoli como “neo-tribalismo”, mediante el cual se reencanta el mundo, colocando el foco en la comunidad y en la irrupción dionisíaca. Las tribus impulsadas por Dionisos, nos dice Maffesoli, presentan una turbia ambigüedad, pero esta barbarie, en innumerables ocasiones, ha servido para regenerar a civilizaciones que estaban decayendo, pues la tribu se sustenta en base al sentimiento compartido, aunque no unificado ni racionalizado, pues surgen precisamente como una saturación de los fenómenos de abstracción impuestos desde arriba, de las grandes maquinarias económicas o ideológicas. El neo-tribalismo centra sus objetivos al alcance de la mano, en sentimientos realmente compartidos, cosas que constituyen un mundo de costumbres y rituales, ya sea mediante el levantamiento, la acción violenta, el silencio y la abstención, el desconocimiento despreciativo, el humor y la ironía. Son así múltiples, afirma Maffesoli, las maneras que tiene el pueblo de expresar su potencia soberana contra la tradición o las costumbres.

Nuestra conciencia, sostiene Maffesoli, no es más que un punto de encuentro o una cristalización de corrientes diversas que se entrecruzan, atraen y repelen. En este sentido, un pensamiento personal no es más que el que sigue la pendiente de un pensamiento colectivo. El ser humano no está ya considerado aisladamente, pues se asume que su vida mental nace de una relación, y de su juego de acciones y de retroacciones. Esta salida extática de uno  mismo, señala Maffesoli, se relaciona directamente con el desarrollo de la imagen, del espectáculo y de las muchedumbres, es decir, en favor de una tendencia orgiástica y dionisiaca, las cuales, a diferencia del tribalismo clásico, ahora se caracterizan por la fluidez, las convocatorias puntuales y la dispersión. A través de sucesivas sedimentaciones, se constituye el ambiente estético donde se pueden operar las condensaciones instantáneas y frágiles, pero de fuertes implicaciones emocionales.

Lo emocional pasa a estar al centro del “neo-tribalismo”, pues, como afirma Maffesoli, lo propio del actual espectáculo es acentuar la dimensión sensible de la existencia social, lo cual siempre viene dado en la relación con los demás, es decir, no hay placer si no multitud o grupo de por medio. De allí se entiende, nos dice Maffesoli, nuestra compulsión a congregarnos en fiestas y en momentos de efervescencia, momento en que los individuos se transforman en pueblo o masa. Es así el espectáculo el que asegura la comunión. Ahora bien, Maffesoli advierte que este proceder emotivo y simbólico no es necesariamente irracional. Lo que ocurre es que responde a una lógica distinta a la moderna, donde, a través de las diversas tribus urbanas, se pueda compartir experiencias, mediante incluso la comunicación no verbal, siendo mucha veces más eficaz, amplia y generosa.

Eduardo Schele Stoller.

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