Schopenhauer y la evasión del dolor

En El arte de ser feliz, Schopenhauer nos muestra una serie de reglas a seguir para llevar, en lo posible, una vida con menos sufrimiento. Al respecto, describe inicialmente cómo tendemos a situarnos en el mundo llenos de aspiraciones, donde tenemos la esperanza de poder satisfacer todos nuestros deseos. Sin embargo, pronto la experiencia nos enseña que la felicidad y el goce son meras quimeras, ilusiones en la lejanía, mientras que el dolor y el sufrimiento se nos aparecen efectivamente como reales, manifestándose realmente, sin necesidad de ilusión o esperanza. De ahí en más, afirma Schopenhauer, cesamos de buscar la felicidad y goce, solo procurando ahora escapar al dolor. En este sentido, lo mejor que podemos esperar es un presente indoloro, tranquilo, soportable.

La riqueza vendría a ser impedimento para lograr lo anterior, pues como el agua de mar, cuanto más se bebe, más se da. Es decir, para Schopenhauer, la fuente de nuestro descontento se encuentra en nuestros intentos siempre renovados de subir de nivel en nuestras pretensiones. Esto nos muestra que no debemos esperar que nuestras circunstancias externas cambien, sino que lo debemos transformar es nuestro propio estado interior, de lo contrario, siempre que aliviemos alguna preocupación que nos oprima, pronto aparecerá otra en su lugar. Schopenhauer sostiene que todo júbilo desmesurado se basa siempre en la ilusión de haber encontrado algo en la vida que, de hecho, no se puede hallar en ella, a saber, una satisfacción permanente de los deseos que nos atormentan y que renacen constantemente. De cada una de estas ilusiones hay que, inevitablemente, retornar más tarde a la realidad y pagarla. Se parece bastante a un lugar elevado al que se había subido y del que solo se puede bajar dejándose caer. Por eso habría que evitar las ilusiones, pues cualquier dolor excesivo que aparece repentinamente no es más que la caída desde semejante punto elevado, o sea, la desaparición de una ilusión que lo ha producido. Ya la ética estoica se había propuesto liberar el ánimo de todas estas ilusiones y sus consecuencias.

¿Cómo evitar, entonces, el dolor? Pues viviendo no como queremos, sino como podemos, limitando, afirma Schopenhauer, el propio ámbito de acción, para evadir así el infortunio. Es la limitación la que nos hace feliz. La prudencia nos llama así a no aspirar al placer, sino que a la ausencia de dolor. Debemos poner riendas a la fantasía, evitando construir castillos en el aire, pues después las pagamos caro con la decepción. La imperturbabilidad estoica (apatheia) nos llama a no entregarnos a grandes júbilos ni a grandes lamentos, de lo contrario, nos amarramos a las preocupaciones del futuro o a la nostalgia del pasado, menospreciando y descuidando el presente. Entonces, vivir feliz significa vivir lo menos infeliz posible.

Para lograr estos estados, Schopenhauer propone además una estrategia que, de hecho, la gente suele implementar inconscientemente; contemplar la desgracia ajena. A su juicio, no hay consuelo más eficaz que la observación de sufrimientos mucho más grandes que los nuestros. Tal como lo expone Tool en su tema Vicarious, pareciera que necesitamos ver las cosas morir desde la distancia. Vivimos en la medida que el resto muere, de allí la morbosa necesidad de alimentarse de la desgracia ajena, en vista de opacar las miserias de la propia vida.

Eduardo Schele Stoller.

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