Literatura y crítica de arte

Los críticos literarios René Wellek (1903-1995) y Austin Warren (1899-1986) señalan que los intentos por hallar leyes generales en la literatura han fracasado siempre, ya que, en comparación con el lenguaje científico de carácter denotativo, en la literatura abundan ambigüedades, arbitrariedades, irracionalidades, accidentes históricos, recuerdos y asociaciones varias, es decir, reina en ella lo connotativo, pues no solo designa, sino también expresa el tono y la actitud del que habla o del que escribe. No solo declara o expresa lo que dice, sino que busca además influir en la actitud del lector, persuadirle o hacerle cambiar de actitud. El lenguaje poético, por ejemplo, organiza los recursos del lenguaje cotidiano esforzándose en despertar nuestra conciencia y provocar nuestra atención.

Para Wellek y Warren, la función del arte deambula entre lo dulce y lo útil. Lo “útil” equivale a todo aquello que no implique malgastar el tiempo, es decir, a algo que, lejos de ser un mero pasatiempo, merece además atención seria e intensa. “Dulce”, por su parte, refiere a no tedioso, a lo que no es forzoso por el mero deber, a algo que se recompensa por sí mismo. A excepción de las obras infraliterarias, considerada como un simple entretenimiento o evasión, en toda obra literaria seria, ambos aspectos deben coexistir y fundirse. Así, señalan Wellek y Warren, el verdadero arte cuenta como un placer serio y de orden superior, pues no es una seriedad de un deber que hay que cumplir o de una lección que hay que aprender, sino una seriedad estética de percepción.

En este sentido, como ya creía Aristóteles, la poesía cuenta como una forma de conocimiento, pues refiere a cómo las cosas podrían ocurrir. Sin embargo, como destacan Wellek y Warren, su papel primordial no es el de descubrir ni comunicar conocimiento, sino que, enfocándose en la percepción, hacernos imaginar lo que ya sabemos conceptual o prácticamente. Además, posee una función catártica, mediante la expresión de emociones, intenta liberarnos de la opresión de las mismas. No obstante, aquí cabría preguntarnos: ¿el arte nos libera de las emociones o nos incita a ellas? La respuesta aquí no puede ser univoca, pues las obras artísticas están en estrecha relación con la cultura y los grupos que la componen. Por ejemplo, Wellek y Warren sostienen que la literatura puede incluso ser entendida como una forma de filosofía, ya que podemos hallar en ella una serie de ideas revestidas de forma que, al analizarse, nos muestran las ideas dominantes de una época. El arte impone así una cierta estructura, que la obra obtiene del mundo que la rodea. En consecuencia, los factores sociales no solo determinan a quien crea, sino que también a quien contempla, ya que nos es imposible abstraernos de una dimensión valorativa a la hora de comprender y analizar una obra artística. No podemos disociar, como pretendía la fenomenología, hecho y valor.

Eduardo Schele Stoller.

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