Belleza y espíritu en Hegel

Para el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), lo bello producido a través del arte es superior a lo generado por la naturaleza, pues el primero tiene origen en el espíritu y la libertad que este propicia. Para Hegel el espíritu es lo único verdadero, razón por la cual solo será verdaderamente bello aquello que participe y sea producto de lo mismo. En este sentido, la belleza natural aparece como un reflejo de la belleza perteneciente al espíritu, como un modo imperfecto, incompleto, un modo que, según su sustancia, está contenido en el espíritu mismo.

Por medio de la belleza artística gozamos de la libertad productiva, pues nos sustraemos de las regulaciones y leyes del pensamiento. En las figuras del arte, afirma Hegel, buscamos sosiego y animación jovial ante el sombrío reino de las ideas. La fuente de las obras de arte es la libre actividad de la fantasía, que en sus imágenes mismas es más libre que la naturaleza. El arte vivifica jovialmente la árida y oscura sequedad del concepto, integrando el concepto en la realidad efectiva. Es por esto que el arte es usualmente usado como efímero juego que sirve de diversión y entretenimiento, adornando nuestro entorno y haciendo más gratas las circunstancias de la vida. Pero el arte no solo libera del dominio del pensamiento, sino que también cuenta como un medio conciliador entre las pasajeras contingencias externas y lo que Hegel denomina como “pensamiento puro”. El arte, señala Hegel, quita al contenido verdadero de los fenómenos lo que tienen de apariencia e ilusión, identificándolos con una realidad efectiva superior, hija del espíritu. Muy lejos de ser mera apariencia, a los fenómenos del arte ha de atribuírseles, frente a la realidad efectiva ordinaria, la realidad superior y el ser-ahí más verdadero.

Sin embargo, Hegel advierte que el arte ha dejado de procurar aquella satisfacción de las necesidades espirituales que sólo en él buscaron y encontraron épocas y pueblos pasados. Si los tiempos que corren ya no son propicios para el arte, el ser humano pierde en consecuencia la posibilidad de elevarse a la consciencia espiritual. La razón así ya no puede encontrarse a sí misma, no pudiendo restablecer con ello la esencia interna de las cosas. La obra de arte, destaca Hegel, se halla a medio camino entre la sensibilidad inmediata y el pensamiento ideal, relacionado así lo universal con lo particular, la libertad con la necesidad, la espiritualidad con lo natural. En todas las esferas del espíritu absoluto, Hegel señala que el espíritu se zafa de las opresivas barreras de su ser-ahí, pues de las contingentes relaciones de su mundanidad y del contenido finito de sus fines e intereses se abre a la consideración y la consumación de su ser-en-y-para-sí. El arte es un medio más para lograr tal liberación.

Mientras el entendimiento se queda en lo finito, unilateral y no verdadero, lo bello, por el contrario, es en sí mismo infinito y libre, pues, a juicio de Hegel, es una manifestación del espíritu, que se asocia con lo perfecto, depurando las contingencias y quedándose con lo ideal. El arte reduce así la contaminación dada por la contingencia y la exterioridad, dejando de lado todo lo que no corresponda a lo ideal. De allí que, para Hegel, la función de arte radique en develar y potenciar el mundo espiritual.

Eduardo Schele Stoller.

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