Schelling nos describe el procedimiento de todo conocer. A su juicio, el sujeto en cuanto se introduce en la esfera del objeto sale de sí mismo y se ve obligado a efectuar una síntesis. Sin embargo, es imposible un conocimiento objetivo absoluto, es decir, el objeto solo puede ser conocido bajo la condición del sujeto, y a condición de que éste salga de su propia esfera y efectúe tal síntesis. Esta imposibilidad radica en la naturaleza de toda síntesis, pues lo absoluto no puede tolerar una síntesis, esto es, admitir el conocimiento de un opuesto. Debemos admitir, afirma Schelling, que no podemos alcanzar el objeto más que a través de nosotros mismos y admitir que no podemos subirnos a nuestros propios hombros para ver más allá de nosotros mismos (27-28).

La condición de la síntesis, destaca Schelling, es la oposición entre sujeto y objeto. Si esta oposición cesase, el sujeto prescinde de la necesidad de salir de sí mismo y ambos se hacen absolutamente idénticos, es decir, el sujeto termina por perderse en el objeto. El sujeto o el objeto llegarían a ser absolutos, esto es, la síntesis habría desembocado en una tesis. Si el sujeto fuera idéntico al objeto, sostiene Schelling, entonces el objeto no estaría ya bajo el condicionamiento del sujeto, siendo considerado como cosa en sí, como lo absoluto, quedando suprimido, a su vez, el sujeto que conoce (30-31).

¿Para qué y cómo lograr esto? La respuesta al para qué puede venir dada por la imposibilidad. A la larga, lo único que evidenciamos en la vía del conocimiento es, como ha destacado Schelling, frustración, ante la imposibilidad de una aprehensión absoluta del objeto. Suprimiendo al sujeto o al objeto, nos liberaríamos de estas limitaciones. Ahora bien, con respecto al cómo, Schelling nos da algunas luces en relación con el arte, para quien es visto como el tranquilo abandono en lo inconmensurable, la estoica serenidad del espíritu y el más álgido momento de la autarquía. El momento más elevado de la vida, afirma Schelling, se da en la contemplación silenciosa de la serenidad (6-7).

Sin embargo, cuanto más lejos esté de nosotros el mundo, cuanta más distancia entre él y nosotros establezcamos, tanto más limitada será, según Schelling, nuestra visión del mismo, y tanto más imposible será nuestro abandono. El verdadero arte se opone violentamente a todo mecanismo, a toda acción externa que acumule la materia (Dios). Pero esta es precisamente la lucha que da origen a la filosofía; el intento de salir del consenso de lo absoluto (6-7, 22-23). De allí se entiende la aversión de la filosofía antigua para con el arte, pues éste siempre ha diluido la síntesis propia de la reflexión y el pensamiento, llevándonos a una vida más libre y serena, lejano a todo conflicto y lucha, características propias de la filosofía.

Eduardo Schele Stoller.

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