Epicteto: felicidad y sufrimiento

No es libre nadie que no se domine a si mismo.

El estoicismo es una filosofía perteneciente al periodo helenístico-romano, periodo marcado por la preocupación ética y búsqueda de la felicidad. Las diversas escuelas de esta época suelen coincidir en lo siguiente; lo esencial para la felicidad es la disposición interior, centrándose en cosas y metas que sean alcanzables por uno mismo. Al respecto, Epicteto señala que lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, ya que no nos vemos sometidos a estorbos ni impedimentos, mientras que lo que no depende de nosotros es débil, esclavo, ajeno. El mayor problema se produce si consideramos como libre lo que por naturaleza es esclavo o si consideramos lo ajeno como propio, lo cual es causa de sufrimiento y perturbación. En cambio, si somos conscientes de que solo lo nuestro es nuestro y lo ajeno ajeno, nunca nos veremos obligados ni estorbados por nadie. De esta forma no reprocharemos a nadie, ni haremos algo contra la propia voluntad (1995: 183).

En vista de evitar el infortunio, debemos además, afirma Epicteto, aniquilar el deseo de todo aquello que no dependa de nosotros. De hecho, ya es considerado como una falta de aptitud dedicar en demasía tiempo a los asuntos del cuerpo (ejercicio, comer, beber, defecar, fornicar), pues solo deberían ser consideradas como acciones accesorias. Nuestra íntegra dedicación ha de estar dedicada para el pensamiento (1995: 184, 208). Algo que facilita esto es, según Epicteto, la reflexión sobre la muerte. Teniéndola presente a diario nunca pensaremos nada vil ni desearemos nada en exceso, que es cuando lo agradable se transforma en desagradable1. Habrá que tener cuidado entonces cuando tengamos la representación de algún placer, pues éste puede llegar a apoderarse de nosotros. Ante el placer deberemos esperar y sopesar los momentos durante y después del disfrute, en donde puede haber arrepentimiento e injurias a sí mismo (1995: 193, 205).

Sin embargo, tales culpas e injurias no son más que representaciones. El mismo Epicteto nos dice que una representación es solo una representación, y en absoluto lo representado. Es por esto que para Epicteto los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas, muchas de las cuales no dependen de nosotros. Cuando suframos impedimentos o nos veamos perturbados no echemos nunca culpa a otro, sino a notros mismos, es decir, a nuestras mismas opiniones. Epicteto nos enseña así a no desear que los sucesos ocurran como queramos, sino a querer los sucesos como suceden (1995: 186-187). Al esperar poco y nada de las cosas o las personas, no habrá decepción que nos aqueje, nos liberaremos de las representaciones ajenas y seremos, en consecuencia, más felices.

Eduardo Schele Stoler.

1 Según Epicteto, debemos evitar hasta la risa, pues es una acción que conduce fácilmente a comportamientos de profano y, a la vez, puede causar que el prójimo nos retire su respeto. Corriéndose el riesgo de pasar hasta a términos obscenos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s