La filosofía del presente

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¿Qué harías si supieras que el Señor te llama para el juicio final?: Seguiría jugando.

San Luis Gonzaga

Varios autores han destacado las diferencias entre la filosofía clásica y la contemporánea. Uno de ellos es Pierre Hadot, para quién una de las principales características de la filosofía antigua se relacionaba con la expresión oral, esto es, con el diálogo de preguntas y respuestas. Se trataba de una relación viva entre personas, mas que de una relación abstracta con ideas, intentando formar mas que informar. La filosofía era vista así como forma de vida, como una terapia. Se ha perdido, a juicio de Hadot, el aspecto personal y comunitario de la filosofía, hundiéndose cada vez más en una vía puramente formal y en la búsqueda de la novedad en sí misma (89, 93-95), tal como si fuera un objeto de consumo más.

La construcción de un edificio conceptual se convierte así en un fin en sí mismo, alejándose éste cada vez más de la vida concreta de los hombres. En cambio, señala Hadot, las obras filosóficas de la antigüedad no se componían para exponer un sistema, sino para producir un efecto de formación. El filósofo quería hacer trabajar los espíritus de sus auditores (94-95, 99). La filosofía escrita ha dejado de interpelar a los hombres, algo que, como sabemos, Sócrates hacía muy bien, paseando, comiendo y discutiendo con las personas, y no, afirma Hadot, enseñándoles desde lo alto de una cátedra. Sócrates demostraba que la vida cotidiana da la posibilidad de filosofar sobre todas las cosas1 (183-184).

El pensamiento de la muerte, sostiene Hadot, ayuda a vivir mejor. Vivir como si viviéramos nuestro ultimo día, no proyectándose en el porvenir, sino considerar en sí misma y por sí misma la acción que hacemos. No mirar más el mundo como el simple marco de nuestra acción, sino mirarlo en sí mismo y por sí mismo. Esto nos permitiría tomar conciencia del valor infinito de los momentos y hacer lo que hacemos como si fuese la primera vez, dando un valor absoluto a cada instante de la vida, por banal y humilde que sea. En consecuencia, para Hadot, lo importante no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos (240).

Una estrategia para concentrarnos en el presente es a través del pensamiento de la muerte, el cual, según Hadot, nos libera tanto del peso del pasado como del temor por el provenir. La concentración en el presente es una concentración en lo que realmente podemos hacer, pues, efectivamente, ya no podemos cambiar el pasado, ni tampoco actuar sobre lo que todavía no es. El presente es el único momento en el que podemos actuar y, en consecuencia, a través del cual podemos alcanzar la felicidad (240). Tanto el pasado (imperfección, pérdida) como el porvenir (incertidumbre) son casi siempre, afirma Hadot, fuentes de sufrimiento. Vivir en el momento presente, en cambio, es vivir como si viviéramos el mundo por primera vez. Es desembarazarse de la visión convencional y rutinaria que tenemos de las cosas, es volver a encontrar una visión bruta, ingenua, de la realidad, logrando percibir el esplendor del mundo que usualmente se nos escapa (242, 254). Este esplendor hoy se nos escapa, principalmente, por nuestra obsesión con el futuro. Bajo el lema del “querer es poder” se nos ha hecho creer ingenuamente que podemos alcanzar cualquier tipo de meta. Tales objetivos suelen ser a largo plazo, plazo que, cumplido, promete entregarnos un sin número de satisfacciones. Pero el hedonismo moderno no hace más que prevalecer el querer por el querer, sin ningún objetivo o meta trascendente. Nunca satisfecho el deseo, la voluntad no puede mirar más que hacia adelante, en busca de nuevos objetos de consumo, descuidando así el presente, único tiempo que realmente nos pertenece y sobre el cual la filosofía ha dejado de orientarnos.

Eduardo Schele Stoller.

1Esto es algo que puede ilustrarse, según Hadot, en sus ultimas palabras “Le debemos un gallo a Esculapio” (Fedón). Para algunos, Sócrates con esto daría a enteder que que quiere hacer un sacrificio de reconocimiento al dios de la medicina, por haberlo curado de la vida, la cual no sería sino una enfermedad. Otros precisan que no es que la vida en general sea una enfermedad, sino tan solo la vida del cuerpo, pues la del alma sería la verdadera vida (185).

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Plural: 2 comentarios en “La filosofía del presente”

  1. Felicitaciones nuevamente Eduardo por cómo expones lo escrito por otros autores. La forma y la expresión son muy amenas, además de interesantes para mi gusto. Siempre es grato leerte.
    Saludos!

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