Sobreabundancia de información y olvido

Viajar con ilusión es mejor que llegar. Robert Louis Stevenson

Lo efímero es lo que, a juicio de Bauman, marca nuestra época. Nada está aquí para siempre, todo parece ser remplazable, pues todo nace con el sello estampado de una muerte inminente, emergiendo con una fecha de caducidad. Todo se vuelve así desechable, superfluo. La modernidad liquida, sostiene Bauman, es una civilización de excesos, redundancia, desperdicios y eliminación de desechos. Es por esto que deambulamos entre el deseo y el miedo, entre la anticipación y la incertidumbre (2013: 28).

Ninguna otra época, afirma Bauman, ha sentido tanto la necesidad de elegir, de seleccionar, ante la constante amenaza de quedarse fuera de tal juego. Pero mientras más se elige, más se constata que la carencia de reglas preestablecidas, de objetivos universalmente aprobados, hacia donde se pueda apuntar. No hay así como absorber de las consecuencias adversas de las elecciones, a nadie más que a uno para hacer responsable. Cualquier punto de referencia que hoy parece fiable, con toda seguridad, señala Bauman, mañana será desenmascarada y definida como engañosa o corrupta. Al no haber respaldo, nos vemos obligados a asumir la vida pedazo a pedazo, tal como llega (2013: 29).

Como describiera Kuhn, hoy vivimos en un estado de revolución constante, pues nuestros conocimientos parecen estar en un estado de revolución permanente. En este escenario, afirma Bauman, uno de los talentos cruciales en la sociedad de la información será poder protegerse contra la gran cantidad de información que uno no desea. Labor difícil, pues se busca constantemente que los consumidores estén rellenos de información. Ante este bombardeo, Bauman destaca que se hace cada vez más difícil la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, dificultándose así el desarrollo de una, podríamos decir, conciencia más elaborada (2013: 30, 44-45).

Según Bauman, la fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Cuando los destinos cambian y aquellos que no lo hacen pierden sus encantos, seguir en movimiento importa más que el destino, evitando convertir en hábito nuestras acciones. La cultura moderna ya no es una de aprendizaje y acumulación, sino que una marcada por el desapego, la discontinuidad y el olvido, pues, lo que se aprende rápido, se olvidará rápido (2013: 45-47).

Eduardo Schele Stoller.

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