El otro como causa de responsabilidad y sufrimiento

Lévinas pone especial atención a nuestra relación con los otros. El otro es el que nos pone en cuestión y logra vaciarnos de nosotros mismos. La presencia del otro abre una entrada, ya antes de cualquier discurso, a través del rostro. La manifestación del rostro, señala Lévinas, es el primer discurso. Hablar es venir desde atrás de la propia apariencia, desde atrás de su forma, una apertura en la apertura (2002: 58-60).

Esta apertura da paso a la responsabilidad. Ser Yo, afirma Lévinas, significa no poder sustraerse a la responsabilidad, esto es, como si todo el edificio de la creación se mantuviera sobre nuestras espaldas. Si bien la responsabilidad logra vaciar al yo de su imperialismo egoísta, pues direcciona la intencionalidad hacia lo externo, su problema es que genera un aumento inadecuado de la intencionalidad. La relación que vincula al Yo con el Otro es, sostiene Lévinas, infinita (2002: 63-64).

Pero de ser infinita la intencionalidad, infinito será también nuestro deseo, llegando a pensar, según Lévinas, más de lo que es pensado, desmesurándose el pensamiento y entrando en relación con lo inasible. Lo infinito se concibe así como una perturbación de la intencionalidad. El Yo en relación con el infinito es una imposibilidad de detener la propia marcha hacia adelante, la imposibilidad de desertar de su puesto. Esto es, no poder sustraerse a la responsabilidad, no tener como escondite una interioridad en la cual uno pueda retornar a sí. Producto de nuestra interacción con los otros, aumentamos las exigencias con respecto a nosotros mismos, aumentando también la impotencia producto de todo lo que no podemos satisfacer (2002: 64). Así, si bien mi relación con los otros amplía mi conciencia abriendo la noción de lo infinito, de paso también amplía el sufrimiento y la angustia producto las innumerables posibilidades de ser que no podremos alcanzar. De allí quizás la pertinencia del llamado de Schopenhauer a limitar nuestro circulo de relaciones, pues, mientras mayor sea nuestra apertura hacia los otros, mayores serán nuestras responsabilidades, frustraciones y sufrimientos.

Eduardo Schele Stoller.

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