Publica o perece

Es evidente hoy la necesidad del científico de tener que traducir sus hallazgos en un artículo o paper, pues parece ser la forma de comunicar y hacer públicos sus resultados ¿Para quién? Pues para otros científicos. Y es que el lenguaje plasmado en el paper suele ser tan técnico que solo es descifrable para aquellos iniciados en las respectivas disciplinas científicas, llegando incluso a importar más, como veremos, la forma que el contenido del mismo.

Para el sociólogo Pablo Kreimer, los artículos científicos son instrumentos retóricos, es decir, piezas discursivas destinadas a convencer. De hecho, llega a destacar que los papers suelen ocultar muchas más cosas de las que muestran. Por ejemplo, tenderá a mostrar más los éxitos que los fracasos. Al respecto, Latour sostiene que cuentan como piezas retóricas de gran utilidad, puesto la vida científica tiene mucho de estrategia política (2006: 7-13).

Un claro ejemplo de lo anterior podemos verlo en el bullado caso Sokal (1996). A través de su experimento, Alan Sokal trató de demostrar cómo ciertas revistas de ciencias sociales podían llegar a publicar cualquier cosa con tal de que estuviera respaldado en un lenguaje esotérico y tuviera una abundancia de citas eruditas (forma). En concreto, Sokal envió a la revista Social Text un articulado que denominó “Transgrediendo las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”, el cual estaba repleto de frases despampanantes que relativizaban casi todas las dimensiones del conocimiento humano, llegando a señalar que hasta la gravedad es efecto de una construcción social. El texto en realidad era una parodia construida en base a citas de autores de referencia obligada en los estudios culturales, pero que en el campo de la física suelen resultar arbitrarias y/o absurdas (2006: 18-19).

El escándalo Sokal muestra, afirma Kreimer, más allá de su crítica a los estudios culturales, la sacralización que las comunidades científicas han hecho del sistema de papers, los cuales han venido a articular la vida académica de nuestro siglo (2006: 20). Considerado así, el artículo científico dista mucho de poder ser un ejercicio crítico-reflexivo, pues su labor no es cuestionar o poner entre dicho algo, sino convencer a la misma comunidad científica sobre la supuesta corroboración de alguna hipótesis. Además, la excesiva especialización que se requiere para su redacción hace más difícil poner la vista en otros fenómenos o visiones que contradigan a las propias sobre un tema. Los criterios evaluación que pasan a predominar son así los académicos y formales, no habiendo mayor libertad para la expresión del pensamiento. El paper debería ser así enemigo del pensamiento filosófico.

Eduardo Schele Stoller.

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