Montaigne y la inconstancia del querer

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Montaigne destacaba la carencia de constancia en nuestro actuar, pues lo más común, a su juicio, es que sigamos las inclinaciones de nuestro apetito a diestra y siniestra, según el viento de las ocasiones nos arrastra. No pensamos en lo que queremos, sino en el instante en que lo queremos. Lo que nos proponemos ahora, lo cambiamos después. Nos vemos llevados así como las cosas que flotan en el agua, orientados cada día por alguna nueva fantasía, fluctuando entre diversos criterios, no queriendo nada de modo libre, constante y absoluto (8-9)

Las dificultades, afirma Montaigne, son propias de nuestra naturaleza, pues en nosotros se hallan, por turno, todas las contradicciones. Nada podemos decir de nosotros de forma entera, sencilla y sólida, sin apelar a cierta confusión o mezcla. No hay alma excelente que no esté exenta de alguna mezcla de demencia (10, 21). El origen de nuestros problemas, según Montaigne, se basa en el desconocimiento de esta enfermedad de nuestro espíritu, el cual no hace más que indagar, dando rodeos, conjeturando, esforzándose y empeñándose en su tarea hasta que termina por ahogarse en ella.

Pensamos ver a lo lejos cierta claridad, verdades imaginarias, pero a medida que nos acercamos a ellas se nos atraviesan, señala Montaigne, una serie de dificultades en el camino, con obstáculos que imponen nuevas búsquedas, extravíos y embriagueces (234). Nos embarcamos, podríamos decir, en una búsqueda infinita por solidificar el querer, para retenerlo en algo fijo, en una incesante labor de interpretar las innumerables interpretaciones existentes, para ver si a través de una de ellas o de la unión de estas logramos asentarnos en algo.

Este problema está hoy más presenten que nunca, pues, como han destacado autores como Bauman, al vivir en una sociedad líquida, el consumo se ha vuelto todo poderoso. Al no saber lo que queremos, la publicidad juega con nuestros intereses, haciéndonos creer que necesitamos la actualización constante de una serie de artilugios y servicios para lograr sostener la existencia. Así, ya podemos prever que lo que queremos hoy no nos bastará para mañana. Si bien los relatos modernos nos asfixiaban al restringir nuestra libertad, al menos orientaban nuestro actuar. Al decaer estos, nuestras posibilidades se han disparado, pero así también lo ha hecho la incertidumbre. Mientras no sepamos quienes somos ¿Cómo estar seguros de lo queremos?

Eduardo Schele Stoller.

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