Agamben y la oscuridad de lo contemporáneo

Un comentario

Lo contemporáneo: ser puntuales en una cita a la que solo es posible faltar 

En su análisis sobre lo contemporáneo, Agamben dilucida más quiénes son los que pueden considerarse verdaderamente como tales. Los contemporáneos son aquellos que intentan entender como un mal, un inconveniente y un defecto, algo de lo cual una época se siente orgullosa; su cultura histórica. Pertenece a su tiempo, señala Agamben, aquel que no coincide a la perfección con éste ni se adecua a sus pretensiones, siendo a su vez, por tanto, inactual con el mismo. Pero es justamente a partir de tal alejamiento y anacronismo, que es más capaz que los otros de percibir su tiempo (2011: 18).

Un hombre inteligente, destaca Agamben, puede odiar su tiempo, pero sabe de todos modos que le pertenece irrevocablemente, que no puede huir de su tiempo. La contemporaneidad es una relación de adherencia y toma de distancia con el propio tiempo. En una relación de desfase y anacronismo. Por el contrario, quienes coinciden en plenitud con la época o concuerdan perfectamente con ella, no son contemporáneos ya que, según Agamben, no consiguen verla, al no poder fijar su mirada en la época (2011: 18-19).

Contemporáneo será así aquel que logre mantener la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad. Para quienes experimentan su contemporaneidad, todos los tiempos son, afirma Agamben, oscuros. El contemporáneo es aquel que no se deja cegar por las luces del siglo, siendo capaz de distinguir en ellas la sombra que generan. Percibir en la oscuridad del presente esa luz que trata de alcanzarnos y no puede (como la luz del universo) (2011: 21-22).

Esta es quizás la causa de que muchos no sean conscientes de su propia época; el estar enceguecidos por la luz del presente. Sin oscuridad de por medio, se nos hace imposible el contraste y, con ello, la reflexión. Todo parece ser parte de un continuo. En la continuidad radica el peligro, no solo en la luminiscencia de la época, sino que también en sus sombras, pues también es fácil perdernos en éstas. Amarrados en las sombras no tendríamos ante qué ser conscientes, pues, como ha señalado Husserl, careceríamos de intencionalidad, de ese afuera (luz) que es el punto de inicio de la reflexión. Así, si bien es necesario cierto anacronismo con la propia época, para ser contemporáneos, éste no puede ser absoluto.

Eduardo Schele Stoller

 

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