Judith Butler y la noción de “sexo”

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El “sexo”, para la filósofa norteamericana Judith Butler, surge como un ideal regulatorio, funcionando el término como norma, práctica o fuerza reguladora que busca producir los cuerpos que gobierna. Se constituye así como un poder de producción, como una construcción ideal que se materializa obligatoriamente a través del tiempo, en virtud de la reiteración forzada de esa norma. El “sexo” (femenino o masculino) no es, por tanto, algo que uno sencillamente tiene o una descripción estática de lo que uno es (2002: 16, 19).

Lo mismo ocurre, a su juicio, con el “género”, que viene a ser la construcción social del “sexo”, mediante la cual logra accederse a este último. El “sexo” es así absorbido por el “género”, convirtiéndose, en consecuencia, en una mera ficción lingüística (2002: 23-24). Sin embargo, señala Butler, en la medida en que se delimitan estos términos, lo discursivo estará determinado a su vez por el discurso mismo del cual procura liberarse. Esto se relaciona con la paradoja de la sujeción; el sujeto que habría de oponerse a tales normas ha sido habilitado, sino ya producido, por esas mismas normas. Si bien, advierte Butler, esto no niega la posibilidad de la acción, la reduce a una práctica reiterativa o rearticuladora inmanente al poder y no como una oposición externa al mismo, lo cual no permite formular la crítica independiente de la práctica forzada y reiterativa de los regímenes sexuales reguladores (2002: 38).

Lo anterior quiere decir, afirma Butler, que la “mujer” no tiene una esencia. Primero, porque ha sido históricamente excluida del discurso metafísico, siendo vista tan solo como una copia pobre y degradada del hombre. Y segundo, a raíz de esto, su “sexo” ha sido fruto de una mera construcción, pues los cuerpos, como destaca Butler, solo llegan a ser un todo mediante la imagen especular idealizadora y totalizante sostenida en el tiempo por el nombre marcado sexualmente. Tener un nombre es estar posicionado dentro de lo simbólico, relaciones que no existen fuera de algún tipo de poder y regulación (2002: 67, 79, 146). Si la noción de los “sexos” no puede escapar a estas relaciones de poder, al menos que se establezcan libremente en afinidad al mismo sexo que representa, y no en sintonía con la sesgada y arbitraria tradición “masculina” que la limitaba a la intrascendencia y a la marginalidad. Si el “sexo” es una construcción, que lo sea en base a quienes realmente representa.

Eduardo Schele Stoller.

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