Alcances epistemológicos de la ontología del lenguaje

Rafael Echeverría opone al programa metafísico del lenguaje (Sócrates, Platón, Aristóteles) el programa ontológico, mediante el cual identifica  lo social con lo lingüístico. Nosotros mismos, considera este enfoque, nos creamos en y a través del lenguaje, no como el programa metafísico que asumía que la realidad antecedía al lenguaje. Pero el lenguaje, afirma Echeverría, es por sobre todo generativo; no solo describe la realidad, también la crea. El lenguaje es acción, pues, a través de él, alteramos el curso de los acontecimientos y logramos inventarnos a nosotros mismos. Somos, destaca Echeverría, una construcción que oscila entre la realidad y la ficción, una especie de burbuja lingüística (2003: 7, 10-11, 20-22, 24)

De esto se deriva para Echevarría el que no solo actuemos de acuerdo a cómo somos, sino que también de acuerdo a cómo actuamos. Es la acción la que genera ser, deviniendo entonces de acuerdo a lo que hacemos con los demás, pues el lenguaje es un fenómeno social, no biológico. Un objeto, sostiene Echeverría, es siempre una relación lingüística que establecemos con nuestro mundo. Los objetos son así constituidos en el lenguaje, trayendo en sí nuestra propia marca en ellos (2003: 30, 33).

La realidad, por tanto, no viene antes que el lenguaje. Cualquier realidad que vaya más allá de éste último no podrá ser descrita a través del mismo (silencio). Esto a su vez trae consecuencias epistemológicas, pues, como señala Echeverría, la razón de un fenómeno no pertenecerá al fenómeno, sino a los seres humanos que forjan la explicación del fenómeno. La razón se relaciona con el observador, no con lo observado. La razón de un fenómeno no pertenece al fenómeno, sino a su explicación. La razón, contrario a Leibniz, no alude a un atributo cósmico, sino a una capacidad de los seres humanos en tanto seres lingüísticos (2003: 67, 123-124).

Pero si producto de vivir en un mundo lingüístico, el conocimiento solo dice cosas de nosotros mismos ¿cómo evitar la arbitrariedad cognitiva? Si los criterios ya no son correspondentistas (programa metafísico), parece que la verdad ahora se limita a la coherencia interna, dentro de, en términos de Wittgenstein, cada uno de los diversos juegos de lenguaje existentes. Sin embargo, ¿por qué tendríamos que elegir uno por sobre otro? ¿Nos queda aún algún criterio de unificación? A mi juicio, el valor cognitivo que parece predominar hoy se reduce al éxito en la obtención de resultados, pero esto hace que la ciencia pase a considerarse más como una aplicación que como una especulación. Lo que reina hoy, como deseaba Bacon, es el saber a cambio de poder; el interés. No obstante, el interés será siempre interés para alguien, por lo que la arbitrariedad seguirá latente en el conocimiento.

Eduardo Schele Stoller.

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