Benjamin y la crítica a la historia universal

El origen es la meta. Karl Kraus

En su interpretación de la labor historiográfica, Benjamin considera que toda visión progresiva del género humano en la historia supone un tiempo homogéneo y vacío. La tarea del historiador es presentificar lo pretérito, reconociendo en él aquello que comparece en la constelación de un único instante. En cuanto que el pretérito se contrae en el instante, éste pasa, señala Benjamin, a formar parte del recuerdo involuntario de una humanidad redimida, a la cual se le impone la idea de una historia universal, vinculada a la del progreso a la de la cultura. Todos los instantes en la historia de la humanidad pasan a ser enhebrados en la cadena del progreso[1] (2009: 48, 57, 60).

Esta es una historia, nos dice Benjamin, basada en la ilusión de un continuum de acontecimientos, cuya constancia contribuye a su misma continuidad a lo largo del tiempo. Mientras que la historia de los oprimidos es un discontinuum, representación y base de la genuina tradición. La conciencia de la discontinuidad histórica, afirma Benjamin, es lo peculiar de las clases revolucionarias y el verdadero objetivo del estudio del historiador, para cuya labor debe volverse en una especie de profeta vuelto hacia atrás, a fin de desmontar la historia universal y sus elementos épicos[2], para liberarse así de la representación histórica de la progresión en un tiempo vacío y homogéneo (2009: 65-66, 69)

El sujeto de la historia para Benjamin no es la humanidad, sino los oprimidos, por lo que la tarea del historiador será hacer saltar el presente fuera del continuum del tiempo histórico (2009: 74-76). Pero si el historiador debe hacerse cargo de la discontinuidad del tiempo histórico y, en particular, de la tradición de los oprimidos ¿no la vuelve con esto un continuum? Y de ser esto así ¿qué impide que se vuelva a su vez en una nueva visión histórica progresiva, vacía y homogénea? El peligro de hacer continuo lo discontinuo recae en querer encontrar en la meta lo que ya se suponía en el origen.

Eduardo Schele Stoller

[1] La historia puede ser vista como un cordón de múltiples fibras deshilachadas, no teniendo ninguna de ellas un lugar determinando hasta que se las recoja y entrelace, tal como una trenza (2009: 60).

[2] Hay que pasarle a la historia, señala Benjamin, el cepillo a contrapelo (2009: 69).

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