El mundo como fábula

El filósofo italiano Sergio Givone analiza cómo el mundo terminó por convertirse en fábula al reconocerse que la experiencia de su verdad se da por medio de una vía irreal y fantástica. Lo que transforma al mundo en fábula para Nietzsche, por ejemplo, es la aplicación de las técnicas interpretativas a todos los campos del saber. Lo que transforma al mundo fábula es la interpretación (2009: 157).

Ya Herder señalaba que nuestra razón se forma solo a través de ficciones, mediante las cuales buscamos y proyectamos constantemente, a través de representaciones, lo uno en lo múltiple. Cualquier tipo de error en este ejercicio, creemos, es culpa de nosotros, no de lo representado, de la cosa en sí (2009: 158). La verdad, afirma Givone, se da por tanto a través de la ficción, esto es, a través de la actividad figurativa y simbólica. Esto hace que nuestro conocimiento sea, en su origen y esencialmente, poesía. Hemos olvidado, nos dice Givone, que la poesía está en el origen de nuestra elaboración lingüística del espíritu objetivo, es decir, de todas las formas a través de las cuales nos orientamos en el mundo. No es, por tanto, el exceso de poesía lo que nos pierde, sino su carencia (2009: 159-160).

Lo irracional, nos señala Givone, no irrumpe desde las profundidades mitológicas sino desde la presunción de cercar esta dimensión con ilusionismos intelectuales, junto con la creencia de que la razón se ha vuelto independiente. Retornar al mito hará posible restituir las facultades cognitivas, en un desarrollo armónico, en donde, a juicio de Givone, la mitología y la ciencia pasen a ser aliadas (2009: 160) ¿Será esto posible? Si, como afirmaba Wittgenstein, hay diversos juegos de lenguaje, cada uno con sus correspondientes reglas definitorias de su uso ¿Cómo homologar las reglas mitológicas, si las hubiese, con las reglas del proceder científico? Quizás el camino no sea mezclar, sino tan solo aceptar la existencia autónoma de diversas formas lingüísticas, cada una de ellas útiles para la correspondiente forma de vida que la sustenta. Unificarlas no haría más que perder la riqueza interpretativa de la palabra y de la posibilidad de una más rica comunicación entre los humanos y con lo que los rodea. Se perdería, de lo contrario, la riqueza de toda posible fábula.

Eduardo Schele Stoller

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