Fromm: el hombre objeto y su trascedencia a través del mal

No hay comentarios

¿Lobos o corderos? Esta pregunta es la que se hace Erich Fromm y para la cual no parece haber respuesta unívoca. Por una parte, destaca que la mayoría de las personas parecen ser niños sugestionables, despiertos a medias y dispuestos a rendir su voluntad a cualquiera que hable con voz amenazadora o dulce. Pero por otra parte, como ha señalado Hobbes, pareciera que el hombre es un lobo para el hombre, pues en su naturaleza aparecen rasgos destructores y homicidas, solo detenidos por el miedo a un espiritu maligno superior (1985: 7-8).

Fromm considera que ambos conviven; una minoría de lobos, una mayoría de corderos. El problema es que los corderos pueden llegar a imitar la actitud sádica de los lobos. No hay goce alguno en ello, tan solo la necesidad de sentirse acarreados por algo o alguien. Ante este escenario, Fromm instala a la desobediencia como precondición esencial para llegar al conocimiento de sí mismo y, con ello, para poder elegir por sí mismo, dando un paso así hacia su libertad. En esto tiene más responsabiliad el individuo que sus circunstancias, contrario a como se creía ya en el renacimiento (1985: 9, 13).

El “síndrome de decadencia” que nos rige es para Fromm la causa del destruir y odiar por el mero gusto de hacerlo. Precisamente, quienes no pueden alcanzar la independencia y carecen de valor en sí mismos, en su intento por trascender, terminan haciendo el mal a los otros. El individuo que no puede crear, nos dice Fromm, quiere destruir. De esto nace la violencia de quienes carecen de la capacidad de expresar positivamente sus potencias humanas; destruyen porque necesitan trascender de alguna manera el mero estado de cosa. Esto se ve, según Fromm, en las diversas formas de sadismo, las cuales buscan tener un dominio completo sobre otra persona, convirtiéndola en un objeto desvalido de nuestra voluntad, humillándola y esclavizándola (1985: 22).

Lo anterior es propociado aun más en nuestra época por la creciente tendencia a la producción e idolatración de las cosas, llegando a convertirnos nosotros mismos, señala Fromm, en mercancías, en meros números (1985: 48). Reducido a un mismo valor que un objeto, imposibilitada toda posibilidad de trascendencia, el placer que parece quedar no es más que el de ser la causa de la reducción de los demás a la misma enajentante condición.

Eduardo Schele Stoller.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s