Sartre y la náusea de la existencia

Los objetos, destaca Sartre, deberían contar tan solo como inofensivos útiles. Pero estos se vuelven insoportables cuando nos tocan, cuando entramos en real contacto con ellos, cuando parecen tomar vida. Un efecto de esta personificación es la náusea; percepción de asco y suciedad presente en todas partes. Pocos son los momentos libres de esta sensación. Como señala Sartre, para cien historias muertas quedan una o dos historias vivas, razón por la cual debe dosificarse su recuerdo, por temor a gastarlas y a sentir el deterioro de apuntalar las sensaciones a través de palabras. Ejercicio inútil, pues de todas formas los recuerdos se cuajan desde el presente, volviéndose el escape al pasado inalcanzable.

Atados de manos, no nos queda más que volver aventura lo trivial del presente, y para esto, señala Sartre, basta contarlo. El hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de historias propias y ajenas, viendo a través de ellas todo lo que sucede; y tratando de vivir su vida como si la contara ¿Será esta una manera de evadir la náusea? La aventura se acaba, afirma Sartre, cuando se pierde el relato, el cuento, la historia, y se vive por lo que es; nauseabunda.

Cuando se cae, podríamos decir, el símbolo, no sucede nada; no hay comienzos, los días tan solo se añaden unos a otros, en una suma interminable y monótona. Al desvanecerse las palabras y, con ello, la significación de las cosas, no hay ya escapatoria ante la náusea. La existencia queda, señala Sartre, como una forma vacía, sin su apariencia inofensiva de categoría abstracta. El barniz se funde, quedando solo masas monstruosas y blandas, en desorden, con una desnudez espantosa y obscena. Reina el absurdo. En estos momentos se descubre la náusea y que lo esencial a la existencia es la contingencia, no es la necesidad. Existir, afirma Sartre, es estar ahí. Los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Todo lo que existe nace sin razón y muere por casualidad.

¿Qué son pues la filosofía, la ciencia, la religión y otras elucubraciones teóricas para la existencia? Nada más que narcóticos para no padecer la náusea, condición necesaria de quién deja atrás toda sublimación teórica, quedándole, quizás, como último recurso, el padecer lingüístico de la poesía, mediante el cual ya no se busca trascender, sino más bien adolecer la única necesidad que le queda; la muerte.

Eduardo Schele Stoller.

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