Nietzsche y el superhombre

La importancia que le atribuía Nietzsche al libre devenir de los instintos se explica por las consecuencias que tal ejercicio tendría sobre el individuo; llegar al “superhombre”. El hombre, afirma Nietzsche, es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre. Su grandeza radica precisamente en esto, en ser un puente y no una meta. El hombre, tránsito y ocaso, es algo que debe ser superado. Y esto es un trabajo que debe ser llevado a cabo por el individuo mismo, es decir, es una elevación propia del espíritu. En su transformación, la metáfora plantea que el espíritu se convierte primero en camello, en vista de llevar la pesada carga del deber, la cual es impuesta externamente. Para desprenderse de tal carga, el espíritu debe ahora convertirse en león, ya que requiere de la fiereza para conquistar la libertad y dejarse guiar por el querer. Sin embargo, no basta con conquistar la libertad. Hay que recomenzar, y para esto, la última trasformación del espíritu es en un niño, ya que solo así adquirimos la inocencia y el olvido necesario para un nuevo principio, para consolidar nuestra voluntad.

Resumiendo, para llegar al superhombre, que manifiesta en plenitud su voluntad de poder, debemos pasar del deber al querer. Este trascendental paso explica el por qué de la carga moral en la obra de Nietzsche. La alusión al tema pasa por una dura crítica al mismo, ya que los conceptos de “bien” y de “mal” lo único que consiguen es apresar al sujeto a normas antinaturales y, recordemos, Nietzsche edifica su teoría desde lo corpóreo, desde lo instintivo. Las virtudes son invenciones humanas para responder a sus necesidades. De allí que, criticando a Kant, Nietzsche promueva la libertad para que cada quien postule su propio imperativo categórico, en vista siempre de potenciar su propia voluntad de poder.

Pero no todos son aptos para llegar al nivel de desarrollo recién planteado. Nietzsche explícitamente hace valer las diferencias entre los sujetos. La mayoría de estos seres, considerados como inferiores, no deberían ni siquiera haber nacido. Ante esta gente mediocre y miserable es mejor refugiarse en la soledad. Todo intento de entendimiento con ellos está condenado al fracaso, así lo ilustra la venida de Zaratustra desde las montañas, quien al llegar a la plaza pública fue víctima de diversas burlas y humillaciones. Habría casi una inconmensurabilidad cognitiva con esta plebe, ya que, como afirma Nietzsche, han aprendido a creer sin razones, por lo que no se les puede hacer entender a través de las mismas.

Nietzsche desprecia así a la humanidad, a la masa, y a toda institución o idea que contribuya a crear al hombre de rebaño, ya que estas ven al individuo como tan solo un medio para la sociedad, cuando, como hemos visto, esta última debería ser un andamiaje para la elevación hacia un hombre superior. En este contexto, critica duramente al socialismo, pues éste intenta eliminar las diferencias entre los individuos. Pretendiendo que todos sean iguales es imposible llegar al superhombre, lo cual es un privilegio de pocos. Es más, el socialismo iría en protección de la muchedumbre, de la masa mediocre. Al fortalecer el Estado, el cual Nietzsche concibe como asistencialista de los débiles, en una lógica siempre de conservación, pero no de superación del individuo. La individualidad es contraria a la igualdad de derechos democrática, puesto que al estar todos uniformados, le es imposible alzarse al superhombre. Para Nietzsche esta diferencia se haría latente incluso en la explotación dada entre individuos, la cual estaría justificada naturalmente como una expresión fundamental de la expresión de poder de lo vivo. Según estos supuestos, la injusticia no se basa en desigualdad de derechos, sino que en la igualdad de los mismos. Así, contrario al sentido común religioso, el egoísmo se vuelve un valor primordial bajo la filosofía nietzscheana, puesto que su ejercicio es un deber para los seres superiores, los aristócratas.

En suma, para que haya un ser superior, tiene que haber otro inferior, de lo contrario no seríamos realmente conscientes del primero. En este sentido, a pesar de su profundo desprecio hacia el vulgo, Nietzsche los necesita para establecer las diferencias, puesto que si viviéramos en condiciones ideales, sería el fin de cualquier tipo de pensamiento elevado. Nietzsche era muy consciente de la necesidad del dolor tanto para la reflexión como para la superación del hombre, por ejemplo al afirmar que en toda voluntad de conocer hay ya una gota de crueldad, siendo esta flagelación principalmente interna. Por tal motivo la crítica a Epicuro, puesto que su filosofía al ser hedonista, evitando a toda costa el dolor, deriva en una religión del amor, centrándose en la misericordia y, como vimos, en la consecuente negación de la voluntad. De allí que el dolor y la enajenación deba ser visto como algo positivo, ya que es el germen del advenimiento del superhombre, el cual depende de su propia voluntad, y no de los azares de la historia. Por este motivo, no hay que apegarse a la patria ni a sus personajes. La actitud debiera ser siempre de reserva, de distancia ante tales ideales que van más allá de la empresa de superación individual. Debemos amarnos por sobre todo a nosotros mismos.

Eduardo Schele Stoller.

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