La sociedad nihilista

La irrupción del nihilismo, según Rubén Jaramillo, se da en el marco del agotamiento de la fórmula metafísica puesta en marcha ya con Platón y desarrollada posteriormente a través del cristianismo, de centrar la satisfacción de las necesidades humanas en un mundo superior o trascendente. Durante el siglo XIX se realizan las críticas más duras a la metafísica a través del positivismo y el pragmatismo. Nietzsche, por su parte, anunciaba la muerte de Dios, con lo que, como ha señalado Dostoievski, todo estaría ahora permitido, representando así  la crisis del paradigma platónico y el advenimiento del nihilismo.

Jaramillo destaca que fue el escritor ruso Ivan Turgenev quien introdujo el término “nihilista”, en referencia a jóvenes revolucionarios no creyentes ni en Dios ni en el azar (negadores). El nihilista despoja al mundo de todo tipo de trascendencia, volviéndolo en un mero depósito de materias primas y mercancías. Al perderse estos fundamentos de lo real, Jaramillo afirma que el mundo suprasensible de las ideas pierde su fuerza obligante y su capacidad de congregar, convencer y persuadir. El nihilismo marca así el fin de una época y el advenimiento de una nueva, donde los valores cambian, donde lo importante pasa a ser lo inmediato de la experiencia y todo lo que pueda satisfacerse a través de ella.

¿No es acaso este el diagnóstico de nuestra sociedad contemporánea? Perdidos los cimientos del paradigma metafísico, atrás quedan las convicciones trascendentalistas y los compromisos ideológicos militantes. Entregados el hedonismo desenfrenado del éxito y del consumo, la vista ya no está puesta en objetivos espirituales, sino que en aspectos meramente subjetivos, concretos, cotidianos. Un narcisismo exitista, como ha destacado Byung-Chul Han, que nos autoexige hasta el nivel de la frustración y la enfermedad mental. Mientras negamos lo trascendente, afirmamos al individuo, pero uno que ya no piensa, que no ejerce su racionalidad. ¿Qué sentido tendría pensar si ya no hay verdad hacia la cual elevarse? Solo parece quedar la actitud teórica negadora; el nihilismo.

Eduardo Schele Stoller.

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