El pragmatismo y la desvalorización del individuo

William James, consecuente con su pragmatismo, es crítico de filosofías como las de Locke, Hume, Berkeley, Kant y Hegel, ya que estas, a su juicio, habrían sido completamente estériles a nivel práctico, pues solo satisfacen aspectos intelectuales. En relación con lo anterior, se lamentaba de que la ciencia haya aumentado el material del universo a costa de disminuir la importancia del hombre. El resultado es lo que se puede llamar como el crecimiento del sentimiento naturalista o positivista. El hombre no impone sus leyes a la naturaleza, sino que ésta se las impone. Ella se mantiene firme, él es el que tiene que acomodarse, registrar la verdad, someterse.

La espontaneidad y el coraje se han ido, la visión, afirma James, es deprimente. Los ideales aparecen como inherentes a productos de la fisiología, lo elevado es explicado por lo que está más bajo. Se tiene así un universo materialista en donde solo los cerrados o duros de mente se sienten en casa. El universo real es algo ampliamente abierto. El racionalismo, sin embargo, hace sistemas, y estos deben ser cerrados. A esto incluso James le atribuye un origen psicológico. La abstracción de los sistemas racionalistas los concibe así como santuarios y lugares de escape, en vez de prolongaciones del mundo de los hechos. Nuestro interés en la religión metafísica surge del hecho de que nuestro futuro parece inseguro, y se requiere de una garantía superior. El libre albedrio, por ejemplo, es una doctrina para generar alivio o consuelo.

Las teorías, afirma James, no son más que remedios y lugares de escape. La filosofía, consecuentemente, también es vista como un lugar de escape ante lo grotesco de la superficialidad de la realidad, elevándonos por sobre nuestros sentidos animales y mostrándonos otra noble morada para nuestras mentes en un gran marco de principios ideales. En este contexto, la riqueza del pragmatismo filosófico radica en que puede satisfacer ambos tipos de demandas;  lo religioso del racionalismo, pero al mismo tiempo puede preservar una rica intimidad con los hechos.

Eduardo Schele Stoller.

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4 comentarios

  1. Bueno, Eduardo, me parece que esta visión de James es un tanto más profunda, ya que ahonda en cuestiones de humanidad, incluyendo el regocijo del espíritu, tan desarraigado de la sociedad posmoderna.
    En cuanto a tu apreciación, disiento llanamente con que el absurdo reine, aunque quizá en sociedad ( la actual más que nunca ) ha ponderado lo banal, la vanidad y desde los poderes fácticos se establece los modelos a adorar y lo que debe ser embebido como diversión, esto último en detrimento de las artes, donde lo sutil ( siempre valorado como sublime ) no destaca por las concepciones ya deglutidas sin masticar de lo que ofrece el mercado y pocos cuestionan.
    Esto, sumado a la mala prensa que tiene la filosofía y al descrédito sistemático de la palabra, fuente de vida y poder, atacando a la persona que la ejerce, ha hecho que la conciencia, mal limitada en un individuo, se encuentre presa de sus propias consideraciones, sin percibir el amplio horizonte donde puede hallar gozo sereno y paz.
    Saludos Eduardo!

    1. A mi juicio, lo que describes, caracteriza el proceder de lo absurdo; una producción meramente comercial, en beneficio de un enriquecimiento material, pero carente de significado, al menos para el individuo parte de este proceso. En este sentido, coincido con algunos antropólogos al destacar que las antiguas civilizaciones daban cuenta de una riqueza espiritual mayor que la de nuestra sociedad actual.

      Un gusto nuevamente.
      Saludos Leo.

  2. Tal cual Eduardo. La sociedad tiene sus normas, sus modelos a seguir, sus dogmas y sus ideologías dominantes, que distan mucho de ser las del espíritu, que no necesariamente es un individuo. En este sentido, al individuo se lo prepara desde todos los sectores que ejercen y perpetúan poder para que sirva a aquellos intereses, desde ya mercantiles, materiales y pragmáticos, y quien no los sirve se lo ve como inútil ( para aquello ).
    Así y todo, esa es, a mi juicio, la visión periférica de lo que sucede, pues muchos procesos corren por dentro de la persona y el punto de vista particular puede mutar.
    Saludos.

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