El pragmatismo y la desvalorización del individuo

William James, consecuente con su pragmatismo, es crítico de filosofías como las de Locke, Hume, Berkeley, Kant y Hegel, ya que estas, a su juicio, habrían sido completamente estériles a nivel práctico, pues solo satisfacen aspectos intelectuales (1908: 187-188). En relación con lo anterior, se lamentaba de que la ciencia haya aumentado el material del universo a costa de disminuir la importancia del hombre. El resultado es lo que se puede llamar como el crecimiento del sentimiento naturalista o positivista. El hombre no impone sus leyes a la naturaleza, sino que ésta se las impone. Ella se mantiene firme, él es el que tiene que acomodarse, registrar la verdad, someterse (1908: 16).

La espontaneidad y el coraje se han ido, la visión, afirma James, es deprimente. Los ideales aparecen como inherentes a productos de la fisiología, lo elevado es explicado por lo que está más bajo. Se tiene así un universo materialista en donde solo los cerrados o duros de mente se sienten en casa. El universo real es algo ampliamente abierto. El racionalismo, sin embargo, hace sistemas, y estos deben ser cerrados (1908: 17). A esto incluso James le atribuye un origen psicológico. La abstracción de los sistemas racionalistas los concibe así como santuarios y lugares de escape, en vez de prolongaciones del mundo de los hechos. Nuestro interés en la religión metafísica surge del hecho de que nuestro futuro parece inseguro, y se requiere de una garantía superior. El libre albedrio, por ejemplo, es una doctrina para generar alivio o consuelo (1908: 120).

Las teorías, afirma James, no son más que remedios y lugares de escape. La filosofía, consecuentemente, también es vista como un lugar de escape ante lo grotesco de la superficialidad de la realidad, elevándonos por sobre nuestros sentidos animales y mostrándonos otra noble morada para nuestras mentes en un gran marco de principios ideales (1908: 22). En este contexto, la riqueza del pragmatismo filosófico radica en que puede satisfacer ambos tipos de demandas;  lo religioso del racionalismo, pero al mismo tiempo puede preservar una rica intimidad con los hechos (1908: 33).

¿Ha cumplido el pragmatismo esta promesa? Claramente el beneficio práctico lo gozamos cotidianamente, a través de los avances de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, esto se ha hecho en desmedro de las demandas espirituales. El crecimiento práctico no ha ido de la mano con el crecimiento teórico, si no que se ha producido el efecto contrario. Hoy, quizás más que nunca, carecemos de sentidos y significados. El absurdo reina, convirtiéndonos a nosotros mismos en herramientas, siendo ahora nosotros extensiones de las mismas. Hemos perdido así todo tipo de control, de libertad. Probablemente los pragmatistas tenían, inicialmente, las mejores intenciones, no obstante, sus mismos principios han permitido que se convierta en una ideología útil para ejercer dominación. Según la lógica costo-beneficio, la erradicación de la verdad y, consecuentemente, de la falsedad, ¿qué sentido tiene ahora pensar? ¿Qué valor tiene ahora el individuo?

Eduardo Schele Stoller.

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