Horkheimer y la teoría crítica

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La teoría científica actual, señala Horkheimer, se corresponde con una noción de teoría equivalente a un conjunto de relaciones e inferencias de proposiciones acerca de un campo determinado de objetos. La validez de estas consiste en que las proposiciones deducidas concuerden con eventos concretos. En relación con los hechos, la teoría será siempre una hipótesis, pues habrá que estar dispuesto a modificarla si surgen problemas en su verificación. La meta final de este tipo de teoría es generar un sistema universal de la ciencia, ya no limitado a un campo particular, sino que abarcando todos los objetos posibles (2003: 223).

Hay así un interés por extender el trabajo teórico de la ciencia a dominios sociales prácticos, en vista de poder predecir hechos y obtener resultados útiles. No obstante, advierte Horkheimer, suele omitirse que el científico y su ciencia están sujetos a un aparto social determinado. Sus logros son parte de la autoconservación de algo ya establecido (2003: 230). El pensamiento ordenador de cada individuo, a su juicio, pertenece al conjunto de relaciones sociales, que tienden a adaptarse de una manera que responda lo mejor posible a las necesidades. En su configuración y en su modo de sentir los hombres son un resultado de la historia. Los hechos que nos entregan nuestros sentidos, sostiene Horkheimer, están preformados socialmente de dos modos: por el carácter histórico del objeto percibido y por el carácter histórico del órgano que percibe. El hecho percibido está así, ya antes de su elaboración teórica consciente, condicionado por ideas y conceptos humanos (2003: 233-234).

La existencia de la sociedad ha reposado, según Horkheimer, en una represión directa o, al menos, mediada, por la contradicción de fuerzas antagónicas, pero no ha sido el fruto de la espontaneidad consciente de los individuos libres. De hecho, bajo la economía burguesa, la actividad de la sociedad es ciega y concreta, mientras que la del individuo aparenta ser abstracta y consciente (2003: 234). Esta ilusión de independencia tiene su raíz en la supuesta libertad que tienen los sujetos económicos dentro de la sociedad burguesa. Estos creen actuar de acuerdo con decisiones individuales, cuando en realidad, señala Horkheimer, hasta en sus más complicadas especulaciones son exponentes del inaprehensible mecanismo social (2003: 231).

La teoría crítica de Horkheimer ataca esta separación arbitraria entre individuo y sociedad, en virtud de la cual el individuo acepta como naturales los límites prefijados a su actividad, enmarcándola ahora en el contexto de la división del trabajo, las diferencias de clase y la búsqueda de ciertos fines, reconociendo así que ellos mismos forman parte de la economía y de la cultura fundada sobre ella. El pensamiento burgués, en cambio, estaría constituido de tal manera que se cree a sí mismo como autónomo, dándole prioridad absoluta a su individualidad, como esencia, como causa última (2003: 240, 243).

Bajo la noción burguesa, Horkheimer señala que la autodeterminación de la ciencia se vuelve cada vez más abstracta, conformándose el pensamiento, aferrándose al principio de que este es una actividad fija, un reino cerrado en sí mismo, renunciando así a la esencia misma del pensar ¿Se puede escapar de esta condición? ¿Cómo hemos caído en ella? Según Horkheimer, son los mismos hombres que, con su trabajo, renuevan una realidad que, de un modo creciente, los esclaviza (2003: 245, 271). Y esto, como hemos visto, en parte porque la teoría que los sustenta se da por asegurada, por verdadera, no habiendo espacio entonces para el pensamiento crítico. Sin embargo, ¿no es acaso este enfoque crítico una teoría más? ¿No responde también a conceptos y categorías de orden universal? La crítica siempre es crítica ante algo. El enfoque crítico se nutre del enfoque burgués, pero está relación no es recíproca. En efecto, la teoría científica burguesa puede subsistir sin la crítica. De hecho le rehúye constantemente. Pero una crítica sin nada que cuestionar no tiene ningún sustento. De allí que toda crítica, para mantenerse como actividad, deba tener ciertos límites, no pudiendo ser ejercible en todos los individuos, pues son estos mismos los que sustentan los dogmas.

Eduardo Schele Stoller.

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