Merleau-Ponty: la filosofía de la existencia

A juicio de Merleau-Ponty, el conocimiento de uno mismo no se da como pensamiento puro, sino que como duración. Pero a su vez, esta temporalidad la concebimos desde el presente, esto es, aquello sobre lo que actuamos y con qué actuamos; nuestros cuerpos. La filosofía de la existencia se distingue precisamente por esto; darle importancia a la encarnación, lo cual nos lleva a preguntarnos más por el ser que pregunta que por lo preguntado, pues quien plantea el problema, está implicado también en lo que pregunta (2012: 27-29).

Lo anterior también se relaciona con nuestra adquisición de conciencia. La conciencia de la vida, señala Merleau-Ponty, es conciencia de la muerte, pues tanto al razonar como al pensar sobre la muerte, debemos dejar de lado las particularidades de la vida. La conciencia supone el poder tomar distancia y negar las cosas dadas. Analizando de esta manera la muerte, Merleau-Ponty afirma que para uno, estando vivo, la muerte no existe, y cuando morimos, lo hacemos en realidad para la mirada de un otro. Vivimos, en consecuencia, no para morir solos, sino con los otros (2012: 57, 61).

Ante las dos visiones clásicas sobre la relación entre el hombre y su entorno, determinado desde fuera y determinante desde dentro, Merleau-Ponty señala que ninguna de estas es adecuada. El sujeto es al mismo tiempo su cuerpo, su mundo y su situación, esto es, lo externo y lo interno, pues nos conocemos en función de nuestras acciones y del entorno que nos impusimos, sin dejar de ser para nosotros mismos desconocidos (2012: 63-66). No somos espíritu y cuerpo, sino un espíritu encarnado, ser en el mundo, es decir, unión de condiciones subjetivas y objetivas de la historia. Verdad y valor, sostiene Merleau-Ponty, solo pueden ser para nosotros el resultado de nuestras averiguaciones o de nuestras evaluaciones en contacto con el mundo (2012: 68, 76, 99).

Pero si en todo problema de tipo filosófico, quien lo plantea está también implicado en el mismo, esto pasa a ser, a juicio de Merleau-Ponty, más que un problema, un misterio (2012: 29, 36). La filosofía es, entonces, un misterio. En ella no somos meros espectadores, como quizás sí lo somos en la ciencia, que intenta despersonalizar el conocimiento y, por ende, desmitificar el saber. Como misterio sin resolver ¿tiene valor alguno la filosofía? ¿O acaso su valor radica precisamente en tan solo dejar abierta la puerta al misterio y al asombro?

Eduardo Schele Stoller.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s