Pragmatismo y pluralismo

El método pragmatista nos fuerza, según James, a ser amistosos con una visión pluralista de mundo, el cual es concebido en cambio y construcción constante (1908: 166). Nuestro conocimiento nunca abarca ni renueva todo. Cierto conocimiento antiguo permanece. Parchamos y remendamos más que renovarlo completamente. Las nuevas verdades son el resultado de nuevas experiencias y de viejas verdades combinadas y modificadas con otras. Las formas más primitivas de pensar, entonces, pueden no estar aún eliminadas. De hecho, nuestras maneras de pensar sobre las cosas son descubrimientos de ancestros remotos, los cuales han podido preservarse a sí mismos a través de la experiencia a través del tiempo (1908: 167-170). De hecho, el pragmatismo permite mantener diversos tipos de creencias a la vez. El sentido común, por ejemplo, es mejor para una esfera de la vida, la ciencia y la filosofía para otras, pero no podemos establecer cual sea más verdadera. Son todas formas de hablar, comparables sólo por su uso. La única verdad literal es, afirma James, la realidad, y la única que conocemos, la realidad sensible, el flujo de sensaciones y emociones (1908: 188-191).

El pragmatismo considera que todas nuestras teorías son instrumentos, modos mentales de adaptarnos a la realidad. En consecuencia, las ideas verdaderas serán aquellas que podamos asimilar, validar, corroborar y verificar. La verdad de una idea no es una propiedad inherente a ella misma. La verdad es algo que le sucede a una idea. Se vuelve verdadera, se hace verdadera por los eventos. Su veracidad, sostiene James, es un evento, un proceso (1908: 194, 201). Por tanto, si bien la verdad emerge de los hechos, los hechos en sí mismos no son verdaderos. Ellos simplemente son. La verdad es una función de las creencias. La experiencia está en mutación constantes, como así también nuestras constataciones psicológicas de verdad. Lo correcto, incorrecto, las prohibiciones, palabras, formas, idiomas, creencias, se añaden conforme a la historia procede, en vez de ser principios que animan el proceso. En todo esto juega un rol importante además los motivos e intereses humanos, ya que es conforme a estos que se  moldean todas nuestras preguntas (1908: 226, 243).

En síntesis, la verdad al tener que dar cuenta de la realidad debe contemplar primero el flujo de nuestras sensaciones. En segundo lugar, tanto la realidad como nuestras creencias deben obedecer a la relación que se obtiene entre nuestras sensaciones o entre sus copias en nuestras mentes. Finalmente, la realidad también se basa en las verdades previas, ante las cuales toda nueva investigación da cuenta (1908: 245). El segundo factor, la selección de nuestras sensaciones, depende, sostiene James, de nuestros intereses. Según estos, resultarán diversas formulaciones de verdad. De hecho, afirma James, leemos los mismos hechos de manera diferente. Lo que decimos sobre la realidad así depende de nuestras perspectivas (1908: 246). En esto radica la diferencia entre racionalismo y pragmatismo; ya que para el primero la realidad está completamente dada, mientras que para el segundo está en construcción constante. En vista de esto, el pragmatismo no rechaza ninguna hipótesis cuyas consecuencias sean útiles para la vida. Por ejemplo, si la hipótesis de Dios es satisfactoria, ésta es verdadera (1908: 257, 273, 299).

Esto hace que el pragmatismo sea uno de los pocos enfoques epistemológicos que permite fundamentar una tolerancia a nivel de las creencias. Al no haber criterios objetivos de verdad, no puede haber primacía de una teoría por sobre otra. Además, al dirimirse las creencias por sólo sus consecuencias prácticas, cualquiera de estas puede satisfacer los diversos intereses humanos, los cuales al ser cambiantes, eliminan de paso la posibilidad de aferrarse a principios dogmáticos o trascendentes.

Eduardo Schele Stoller.